San Salvador, Mayo 2001 – Sivan 5761
Tenemos el placer de invitarlos a la Ceremonia de Recibimiento de un nuevo rollo de la Torá para nuestra sinagoga, que se realizará durante el servicio religioso de la primera noche de Shavuot, el próximo domingo 27 de mayo a las 18:30 hs.
Este evento, de suma trascendencia para nuestra Comunidad, nos llena de orgullo y satisfacción. Esperamos que puedan acompañarnos en esta histórica celebración.
Al finalizar la ceremonia compartiremos un Kidush.
Atentamente
Jean Claude Kahn
Rabino Gustavo Kraselnik
Presidente
¡Extraño destino el mío, en medio de tanto Rabino!
Con esta dramática frase, un tanto irónica, quiero contarles que estuvimos colocados en un puesto muy especial, en la primera fila del bloque central de bancas, para la celebración de los 350 años de fundada de la Comunidad Mikvé Israel-Emanuel de Curaçao, comunidad fundada por judíos sefarditas portugueses que vivían en Ámsterdam después de ser obligados a huir de Portugal y España durante los infames años de la inquisición.
La primera sinagoga, consagrada en 1674, es hoy una copia de la sinagoga de Ámsterdam, con su piso de arena blanquísima. Algunos dicen que esta arena blanca representa simbólicamente la arena del desierto que Israel atravesó en su largo viaje al recuperar su libertad de la esclavitud egipcia. Otros prefieren pensar que la arena representa la bendición tradicional de Dios al patriarca Abraham, cuando le dice que sus descendientes serían tan numerosos "como la arenas de la playa". En la práctica, la gruesa capa de arena usada para cubrir el piso de madera (hoy reemplazado por cemento) servía para suavizar el sonido de los pasos cuando tenían que esconderse para rezar durante la inquisición. Tiene cuatro enormes candelabros que cuelgan y que son encendidos solamente durante ocasiones especiales e iluminada con velas, puras velas. El Aron Hakodesh o Arca sagrada está hecha de caobas ennegrecidas por el tiempo y guarda 18 rollos de Torá, algunos de ellos con más antigüedad que la sinagoga. El podium o la plataforma donde se conducen los servicios, así como las bancas, puertas y la "Banca" que está elevada y constituye el Baldaquín del Parnasim (directores de la congregación) también en caobas oscuras que le dan elegancia y seriedad al ambiente del recinto. Luego están los mezzanines con su órgano, donde el coro local cantó bellas melodías.
Había muchas personas, ya que no quisieron dejar por fuera a nadie, invitando a la otra comunidad ortodoxa, que es mas pequeña y con la que mantiene cordiales relaciones.
La solemne ceremonia comenzó sacando los rollos de la Torá presidido por una señora, descendiente de uno de los pioneros de la comunidad y seguida por altos directivos enfundados en sus trajes negros y sus chisteras. Dieron lentamente la vuelta por los cuatro lados de la sinagoga para luego seguir con discursos, salmos, rezos, cánticos y demás, mientras mi mente aprovechaba para meditar sobre la larga y exitosa jornada en la historia de este grupo de dichosos judíos portugueses que tuvieron, al contrario de tantos otros que continuaron huyendo en sus segunda, tercera y cuartos asentamientos en diferentes países.
Hago un paréntesis para mis amigos, asiduos lectores de la revista "HOLA": En la Banda, justo enfrente a nuestros asientos, acomodaron a Su Majestad Serenísima, el Príncipe William Alexander, de Holanda, quien llegó solo sin su novia argentina, cuidado a unos dos metros por un señor de edad, de mayor altura que el príncipe, en uniforme blanco como de almirante de un barco. Elegante y muy calmado, pude observarlo cuantas veces se me ocurrió y su cara y porte inmutables, tal como se espera de un príncipe. Jean Claude, como presidente de la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y el Caribe, tuvo el honor de ser llamado en privado para serle presentado y fue muy cordial.
Esta pequeñita isla paradisíaca y muy pintoresca, bajo la jurisdicción de Holanda, sirvió de refugio seguro a los primeros judíos que allí se instalaron, habiendo podido vivir y desarrollarse en paz hasta nuestros días. Se pueden contar descendientes en la décima o decimoquinta generación. Hoy día cuenta con 500 almas, muchas de ellas provenientes de familias de mucho prestigio en la sociedad curasoleña. Al visitar su cementerio Bet Haim, de mas de 300 años de antigüedad, cuyas tumbas mas antiguas datan de 1668 siendo este uno de los más antiguos del Nuevo Mundo, nos llamó poderosamente la atención la gran variedad de apellidos muy españoles y portugueses, como Maduro, Cohen, Henriquez, Moreno, Henriques, Señor, Spinoza, Casseres, Nunnes da Fonseca, Lopes Dias, Crasto, Pereira, Brandao, Calvo, Alvares, Correa, Chaves, Marchena, Carilho, Aboab Cardozo, Nunes, Redondo, Pinedo, Mendes Chumaceiro, Gómes Casseres, De Sola, etc.
En esta comunidad se habla más que todo en inglés, portugués y papiamento que es una mezcla de portugués, holandés, francés, español y hasta hebreo.
Ésta fue la celebración del establecimiento de la Congregación Madre de las Américas. Dejamos esta preciosa y tranquila isla con sentimientos mezclados de nostalgia y esperanza.
Maria Kahn
(editado
por Inés Baum)
Escribo con preocupación y algo de esperanza. Ruego que me lean con cuidado y hasta el final, porque es grave lo que voy a decir. Tiene que ver con nuestro caldeado presente.
En los actos recordatorios de la Shoá se insiste sobre las responsabilidades judías y no judías de la tragedia. Es demostrable que hubo culpas de negligencia, pasividad y escasa movilización, tanto de las mismas organizaciones judías como de los gobiernos, iglesias y demás instituciones del mundo libre. No se actuó con la energía necesaria. De esto se habla mucho y se aprende poco.
La pregunta reiterada de por qué los nazis pudieron cometer sus crímenes tiene una respuesta sencilla, como sencillas son las grandes verdades: desde hacía siglos el judío fue objeto de una sistemática demonización. Fue reducido a la condición de cáncer, cucaracha, basura. Por lo tanto, no escandalizaron hasta la médula los chorros de leyes raciales que año tras año se sancionaron en Alemania, no se abrieron los puertos del mundo para recibir a los refugiados y luego, durante la guerra, no se bombardearon los campos de exterminio ni las vías de los trenes que trasladaban a los condenados. Terminadas las hostilidades, Gran Bretaña no permitió que los sobrevivientes de los campos encontraran alivio en la entonces Palestina mandataria. Eliminar judíos (eliminar el "problema" judío) sonaba a higiene, incluso para los que no eran nazis. Los judíos tenían "algo" de despreciable, arraigado en el imaginario colectivo del mundo por siglos de prédica antisemita. Por eso la lucha por la independencia del Estado de Israel luego de la segunda Guerra Mundial también fue desigual y terrible, porque no fue acompañada por el decidido apoyo moral que debió prestarle el grueso de los países que, en forma directa o indirecta, habían sido cómplices de la Shoá.
Precisamente, como resultado de la aberración suprema que significó la Shoá, el estigma de la demonización judía fue aminorado en la segunda mitad del siglo XX, pero no desapareció. Fue desplazado en forma sutil hacia Israel. Basta leer los diarios de la época para advertir que, desde antes de su independencia, Israel fue objeto de una inclemente y prejuiciosa hostilidad, sólo comparable a la sufrida por el pueblo judío desde hacía centurias. Era cuestionada su legitimidad, como fue cuestionada la supervivencia judía luego de haber parido al cristianismo y el Islam. Todo lo que hiciera para sobrevivir fue y es objeto de condena, porque en el fondo lo que en verdad molesta es su inexplicable supervivencia, su negativa a suicidarse. Así como el judío fue el arquetipo del avaro sediento de sangre, Israel es el arquetipo de una entidad expansionista, hegemónica y opresora que resiste su liquidación. Si devuelve territorios, es porque le infligieron una merecida derrota, y si invade territorios para extirpar nidos de terroristas y francotiradores, es porque tiene ambiciones "imperialistas". Siempre procede mal, lo cual es lógico: el demonio jamás hace actos buenos. El voto anti-israelí soviético-islámico -que prevaleció durante décadas en las Naciones Unidas y que aún continúa su ejercicio-, demuestra que prosigue intacta la falta de ecuanimidad. Israel es el único país condenado a no integrar el Consejo de Seguridad ni ha sido aceptado por la Cruz Roja Internacional, por la sola razón de ser Israel. Que esta situación se mantenga, especialmente la última, revela una injusticia tan escandalosa como intolerable, que se acepta como algo normal. Israel -se dijo con elocuencia- equivale al "judío" entre las naciones, el perpetuo mal visto, el que debe pedir perdón hasta por lo que no hace.
Ahora su descrédito está siendo inyectado groseramente por los medios de comunicación masiva. Ya no se trata de predicadores que acusan a los judíos de haber matado a Cristo, de ser pérfidos, de apuñalar hostias consagradas, de desangrar niños para fabricar pan ázimo, de practicar la usura para empobrecer a los cristianos, de querer dominar el mundo. Ahora se acusa a Israel de tener una especial predilección por el asesinato de niños palestinos, hambrear a sus familias, y tener sometido a todo un pueblo por odicia expansionista o congénita maldad. Incluso se lo compara con la Alemania de Hitler. Y ya es un lugar común repetir que es el cáncer del Medio Oriente. El mensaje no genera dudas: Israel es un Estado pérfido, y esto se potencia con el recuerdo consciente o inconsciente de que los judíos siempre lo han sido. Cuando mataron a Itzhak Rabín, el patriarca de la iglesia de Antioquía en Buenos Aires dijo con un gesto de manos que mostraban la equivalencia: "Ninguna sorpresa: los judíos crucifican, los israelíes asesinan".
Por supuesto que los medios de comunicación nada informan sobre la pedagogía del odio que se inculca a los niños árabes y a los musulmanes no árabes. No muestran a los grupos armados que disparan tras el escudo de niños lanzados a la muerte por sus propios padres y maestros. Nada dicen sobre la burda trampa en que cayó la opinión pública al tragarse que la Intifada se debió a la visita de Ariel Sharon al Monte del Templo, cuando en realidad había sido decidida por Arafat tras patear el tablero de Camp David II. Tampoco hay refutaciones del Consejo Mundial de Iglesias, ni de la Iglesia Católica, ni de las Iglesias Ortodoxas Griega y Rusa a la insolente fatwa del actual mufti de Jerusalem, quien afirma la inexistencia de rastros judíos bíblicos en la tierra de Israel. Y no lo hacen aunque es una puñalada directa al corazón del cuerpo teológico cristiano, construido a partir de la historia de Israel en la tierra de Israel. Sin esa historia, el cristianismo pierde sentido. Pero callan porque total, quien se desligitima primero es Israel...
El presidente de Siria dijo en su discurso oficial ante al papa Juan Pablo II que los judíos "intentan matar todos los principios de la fe divina con la misma mentalidad con la que traicionaron y torturaron a Jesús, y de la misma forma en que atacaron deslealmente al profeta Mahoma". Semejante vómito de odio antijudío, propio de las cavernas medievales o el delirio nazi, no mereció la inmediata réplica del pontífice, sino un pálido comentario de su vocero.
Mis amigos: se repite delante de nuestras narices, en estos días, el clima de demonización que preparó la catástrofe de la Shoá. Pero agravado, porque en aquella época hubo valientes boicots en contra del Tercer Reich por parte de comunidades judías más débiles que las actuales. Ahora, en cambio, pese a los recursos y lobbies existentes, predomina la parálisis y el desconcierto. Incluso vastas franjas del judaísmo creen que Israel aplica un exceso de severidad contra las sanguinarias provocaciones realizadas con fusiles, obuses y coches-bomba. Hasta destacados periodistas judíos, por ignorancia o intereses, se acoplan a la peligrosa tarea. Borrar del mapa a Israel pronto ya no será sólo una ambición exclusiva de árabes y musulmanes. Hasta quienes le tienen simpatía dirán con un suspiro: "¡Y bueno, se trata verdaderamente de un insoportable cuerpo extraño!"
Sabemos que el racismo de Hitler fue incentivado por la indiferencia mundial. Ahora la guerra en el Medio Oriente es incentivada por los medios de comunicación que, en su mayoría, cumplen un rol criminal. No sólo hacen daño a la sufrida población israelí, sino que bloquean el acceso a una paz sensata y fecunda. La Intifada y el odio anti israelí, gracias a esos medios, están recibiendo más estímulo y gratificaciones que las esperadas en un comienzo. Los medios contribuyen a que millones de árabes ya no quieran un Estado palestino junto a Israel sino que, arrogantes, vuelvan a querer un Estado en el lugar de Israel. Repudian los acuerdos de Oslo (aunque los invoquen hipócritamente cuando conviene). Feisal Husseini, el dialoguista funcionario de la Autoridad Palestina encargado de los asuntos de Jerusalén, ha dicho a fines de marzo en un diario de Beirut que el objetivo estratégico de la Intifada es conseguir un Estado que vaya del Jordán al Mediterráneo.
¿Hacen falta más pruebas? Si las necesitan, lean los diarios en árabe, no las declaraciones en inglés para consumo de ingenuos. Los medios de comunicación ignoran los esfuerzos de Israel para frenar la violencia, evitar muertes y llegar a un acuerdo más o menos aceptable para las partes (en todo acuerdo hay una herida narcisista, porque nunca se obtiene todo lo que se quiere, pero tampoco se puede exigir el suicidio del interlocutor, como ahora anhelan los palestinos). No es apreciado el activo y multitudinario movimiento pacifista israelí, que no logra tener una contraparte árabe. Si aún no existe un Estado palestino, ya no se debe a la intransigencia israelí, sino a que Arafat y sus hombres prefieren una guerra de desgaste que termine por quebrar e incluso disolver el Estado judío. El Estado palestino estuvo a punto de ser alumbrado en Camp David II, antes de que Arafat quebrase las conversaciones de paz. Por consiguiente, es mentira que los palestinos libran su guerra de la independencia, porque la tienen al alcance de la mano: libran una guerra para destruir a Israel, aunque sea en el mediano plazo. Resulta increíble que esta evidencia -peligrosísima, pero que devela la fuente del enrevesado conflicto- sea escamoteada.
Y bien; llegamos aquí a la responsabilidad de las instituciones judías. ¡Deben movilizarse para detener la enardecida demonización de Israel! En consecuencia, propongo lo siguiente:
Cordialmente,
Marcos
Aguinis
WebRishón: http://www.rishon.com.ar/rishon/aguinis/home.asp.
Rishón es un espacio pluralista,
abierto para la inclusión de contenidos relativos a la cultura y
a los quehaceres judíos en Argentina y el Mundo.
La próxima fecha por anotar en su agenda es una nueva Venta de Cachivaches. Puesto que nuestro stock se ha visto disminuido, gracias a las últimas ventas, les ruego que de nuevo limpien sus despensas y armarios y comiencen a traernos sus donaciones. Pueden traerlas a la sinagoga o a la casa de los Familier. Para la dirección, favor llamar al 232-6366.
Nuestra próxima reunión de Junta Directiva del Grupo de Damas será el lunes 11 de junio, a las 10:30 a.m., en la sinagoga. Allí le pondremos el broche final a nuestros planes para el Té de Hospitalidad. Por favor trate de asistir.
Con cariño,
Bonnie Fischer
(Traducido por Inés Baum)
En el libro del Génesis, D-os le dice a Abraham: "A través de ti todas las naciones de la tierra serán bendecidas."
A menudo me he preguntado sobre esa bendición que los judíos supuestamente traeremos a la tierra, y en qué forma se presentará. Si estuviera en mis manos, en estos momentos, no creo que tuviera muchas ganas de llevarla a cabo. Después de seis meses de escuchar al mundo vilipendiar a mi pueblo y a mi país; después de conmemorar el Día del Holocausto y ahora el Día Conmemorativo de los soldados israelíes caídos, realmente no creo que si de mí dependiera el echar bendiciones al mundo, especialmente a mis vecinos semitas, sería una prioridad en mi lista de quehaceres.
Sin embargo, como sé que el destino particular del pueblo judío no es algo sobre lo que podemos votar, reconozco que tanto yo como mis hermanos judíos tendremos poco qué decir sobre este asunto de la bendición. Entonces, sea como sea, traeremos bendición al mundo. Y finalmente se me ha ocurrido la forma.
Fue anoche que se me ocurrió, mientras observaba el servicio conmemorativo oficial por los soldados caídos, en el Muro de los Lamentos. Y en ese lugar sagrado, el general más importante de Israel, se levantó a hablar.
¿De qué creen ustedes que habló, este general y hombre de armas? Si fuera de cualquier otra nacionalidad o religión, y éste fuera cualquier otro país menos Israel, no tendríamos que preguntar. Hubiera hablado de la gloria de nuestros héroes caídos. De su valor en los campos de batalla, de su sacrificio. De la grandeza de sus victorias.
Pero no Shaul Mafouz, General en Jefe de Israel. Habló más bien sobre recordar el nacimiento de un niño. La primera foto que se le tomó en el kínder. El primer diente de leche que se le cayó. Las fotos de su bar mitzvá. Su graduación del colegio. El beso de su madre en la mejilla del nuevo recluta. Habló sobre la pérdida incalculable que significa cada ser humano que muere en la guerra para su familia, sus padres, sus abuelos, sus hermanos, hermanas, novia, esposa, hijos. Sobre lo preciosa que es la vida y el horror de la muerte.
Mucho antes de nacionalizarme israelí y de ser residente de Jerusalén, viví en América, donde presencié numerosos días conmemorativos. Siempre ondeaban las banderas rojo, blanco y azul. Pero principalmente, había ventas. Creo que jamás vi el rostro de ningún soldado americano caído en ningún espectáculo de la televisión, y menos un día completo dedicado exclusivamente a mostrar soldados muertos en acción, o en accidentes de tránsito, o en ataques terroristas.
Me atrevo a decir que el Día Conmemorativo en Israel no tiene igual en ninguna parte del mundo. El país simplemente cierra todas sus distracciones. Los restoranes, bares, discotecas cierran. Los canales de radio y televisión dedican todas las horas del día a mostrar viejas fotos y nuevos videos de soldados que murieron hace cinco meses, o hace treinta años. Y todos los programas hacen énfasis en la misma cosa: la infancia del hombre, su hogar, sus padres, su esposa o novia. Las fotos tontas de sus fiestas de graduación. La cara sonriente del niño pequeño disfrazado para Purim. Las palabras de los amigos, que nunca dejan de llorarlo, que nunca olvidan. Y por un día, todas y cada una de las personas que se identifican con el Estado de Israel, y con las vidas de los que viven allí, sienten que estos hombres y mujeres son parte de su propio pasado, de su propia familia. Lloramos porque los hemos perdido, lloramos como lo haríamos por la muerte de uno de nuestros seres más queridos, que dejaron este mundo demasiado jóvenes, demasiado llenos de vida. Lloramos por la familia y los amigos que lo querían y que dejó atrás.
Siempre me sorprende el que me queden lágrimas para el Día Conmemorativo aquí en Israel, tan próximo como es al Día de Recuerdo del Holocausto. Y que mis lágrimas fluyan más rápido, más calientes y con mayor desesperación, y que mi corazón duela de la manera en que me duele. A pesar de todo, a través de los años entendí la razón, entendiendo al mismo tiempo el verdadero secreto del Estado de Israel. Aquí está: el Estado de Israel no tiene ejército.
No, amigo mío. Ningún ejército. Todo lo que tiene es a mi esposo y a mi hijo, a tu hermano y a su hijo, al hijo o hija de su hermana y al hijo del vecino, y a la hija del electricista, y al nieto del sobreviviente, el alto y guapo que se parece a su tío abuelo que murió en Auschwitz. Todos ellos viven en el cuarto de al lado, en la casa de al lado, o a lo más, a una hora en bus de la estación central. No existe hombre, mujer o niño en Israel que tenga más de uno o dos grados de separación entre ellos y todos los jóvenes en uniforme, hombres y mujeres, solitarios, únicos, que caen defendiendo sus vidas de bombas reales, de balas reales, de masacres reales.
El pueblo judío tiene una bendición que traer al mundo, especialmente a nuestros primos semitas. Si solo dejaran de gritar y llorar y amenazar lo suficiente para escuchar, ¡qué diferentes serían nuestras vidas! Y se la daríamos gratis, generosamente, ésta, nuestra sabiduría aprendida con tanto dolor, la sabidu-ría de los judíos. Que es simplemente ésta: que no existe gloria en la muerte. Y que una vida jamás puede ser reemplazada. No hay honor, ni alegría, ni santidad en las bombas y armas y cuchillos y morteros, en la carne herida, en las calles llenas de sangre. En los niños muertos, en las madres con el corazón destrozado. Y que la paz es un valor que debe ser apreciado sobre cualquier victoria gloriosa.
Si solo la BBC, y CNN, y SKY dejaran de entrevistar a las madres y tíos de los hombres bomba, que hablan sobre la santidad del martirio, sobre las muertes sagradas, sobre las guerras santas; si sus confundidos reporteros sólo se sentaran a escuchar los discursos sutiles de Israel en su Día de Conmemoración, y enviaran éstos al mundo, qué bendición le traerían a la humanidad. Qué lección. Y podría tachar una cosa más de mi lista de cosas por hacer.
Naomi Ragen’s Web page:
http://www.NaomiRagen.com
E-mail: Naomi@NaomiRagen.com
(Traducido por Inés Baum)
Se ha dicho del último cuarto del siglo XX, y probablemente se dirá también de las primeras décadas del siglo XXI, que fueron una época maravillosa para construir computadoras, pero difícil para escribir poesía. Nuestros niños crecerán sintiéndose cómodos con la tecnología y las cosas mecánicas. Probablemente crecerán con una mentalidad consumista, gracias a toda la publicidad a la que estarán expuestos. Pero quizás crecerán con una parte importante de sus almas subdesarrollada.
Nos costará un gran esfuerzo criar niños con fluidez en el lenguaje espiritual; niños que se sientan cómodos rezando cuando estén ansiosos o agradecidos, capaces de perdonar cuando se les ha ofendido, generosos frente a los necesitados, despiertos a la belleza de la naturaleza y de la poesía. No podemos depender de la sociedad para que les enseñe esas bendiciones, pero existen ciertas cosas que podemos hacer para alimentar las almas de nuestros niños. El esfuerzo valdrá la pena: no podríamos darle a nuestros hijos un mejor regalo.
¿Cuáles son algunas de las cosas que los niños pequeños deben aprender, y merecen aprender, para desarrollarse espiritualmente?
Los rituales le dan al niño un sentimiento de control sobre al menos una parte de ese mundo, un sentimiento de poder predecir, de saber lo que pasará después, y éste es un sentimiento que da poder. A usted le son familiares los rituales de sus niños a la hora de acostarse, que incluyen ese cuento favorito del cual no podemos cambiar ni saltarnos una palabra. Sabe lo ansioso que se pone su hijo si el horario de su programa favorito en la televisión cambia. (Una vez más, el mundo se revela indigno de confianza). Él aprecia la seguridad de saber exactamente lo que viene después.
Los rituales religiosos – una plegaria antes de las comidas, una reflexión corta y agradecida de las cosas buenas que pasaron durante el día, el encendido de las candelas de Shabat en un hogar judío, el asistir a servicios y clases con amigos y familiares; todos ellos combinan ese sentimiento de orden y predicción con la sensación de que algo importante está pasando y que se le permite al niño tomar parte en ello. El ritual le da al niño algo seguro, predecible, algo que puede compartir con sus padres, algo que ellos saben es importante porque saben que debe hacerse en una forma especial. La misma hora, las mismas (o similares) palabras, las mismas acciones le aseguran al niño que "Dios está en Su cielo, todo está bien con la tierra".
El llevar a los niños a la iglesia o a la sinagoga, el dejarlos experimentar los sonidos y los olores del servicio, la luz que entra por los vitrales, el alzar a un niño para que bese la Torá; todas estas experiencias ayudan a ensanchar el alma de su niño. Le dan la posibilidad de hablar con el lenguaje del asombro y la imaginación tan cómodamente como hablan en su idioma natal. Preparan al niño para aceptar la realidad de las cosas que no se pueden ver y para creer en un poder que yace detrás de todas esas cosas maravillosas.
Los niños pequeños tienen la habilidad de moverse casi sin esfuerzo entre los mundos de la imaginación y de la realidad. Ellos saben que el Hombre Araña y los personajes de Plaza Sésamo no son reales. Pero también sienten, tal vez con mayor facilidad que nosotros los adultos, que existe una verdad en los cuentos de hadas, y que los relatos bíblicos son más reales que los acontecimientos de sus vidas cotidianas, y que Dios es más real que los muebles de su dormitorio. Así como los adultos pueden aprender sobre la naturaleza humana al leer una novela o al ver una representación de Shakespeare y entender que la lección es verdadera aun cuando los eventos nunca sucedieron en realidad, los niños pequeños pueden aprender lecciones importantes sobre el poder de la bondad, el amor y el valor para transformar vidas al leer relatos fantásticos. ¿Porqué tenemos nosotros que poner límites, en nuestro cruel realismo, a la experiencia de nuestros niños de cosas que pueden sentirse, pesarse y medirse, y privarlos de las maravillas que su imaginación puede conjurar?
¿Alguna vez le ha tocado descubrir a un niño haciendo algo malo, con la evidencia tan clara que no se puede obviar, solamente para que el niño niegue haberlo hecho? (Chocolate por toda su cara, los pedazos de un florero quebrado a sus pies). Su hijo no está exactamente mintiéndole. Está tratando desesperadamente de mantener la imagen de sí mismo como un niño bueno, un niño que merece ser amado. Es por esto que una de las experiencias más esenciales y liberadoras que un niño puede tener es ser sorprendido haciendo algo malo y ser perdonado. Esto le enseñará al niño que el amor de sus padres es incondicional; el amor de sus padres es lo suficientemente fuerte como para soportar momentos de furia y decepción.
Cuando yo era niño, se me enseñó que en Yom Kipur, primero teníamos que perdonar a los demás y solo entonces podíamos pedirle a Dios que nos perdonara. Conforme fui creciendo, aprendí que probablemente las cosas se dan al revés. Primero tenemos que experimentar el milagro del perdón nosotros mismos, el milagro de ser aceptados y amados a pesar de nuestras faltas y errores, y solo entonces podremos sentirnos tan seguros como para extender nuestra bendición a los demás. El alma que ha sido bendecida con un amor incondicional crecerá hasta llegar a ser un alma fuerte, generosa y amante. El niño que ha sido amado y perdonado crecerá para convertirse en un adulto capaz de amar y perdonar.
Si a los niños les da miedo la hora de dormir, asustados de que haya monstruos en la oscuridad o de que la casa se pueda incendiar, una plegaria para dormir (preferiblemente una que no incluya la oración "si yo muero antes de despertar"), un recordatorio de que Dios vigila sobre el mundo mientras dormimos, les dará mucho bienestar para suavizar sus temores. El sentimiento de que éste es el mundo de Dios, un mundo en el que pueden confiar, un mundo construido sobre las bases de la bondad y el amor, hará más fácil que un niño aprenda a ser bueno con los demás.
Deje que sus niños le vean escribir cheques para caridad, y llegarán a ser personas caritativas. Rece con ellos y aprenderán a pensar que la oración es una actividad adulta normal. Deje que le vean tratar a los animales con compasión y desarrollarán la capacidad de ser bondadosos con todas las criaturas vivientes. Demuéstreles que usted siente compasión por los discapacitados mentales o físicos y respeto por las personas de diferentes razas (especialmente importante, porque los adolescentes, en su inseguridad acerca de sus propias habilidades y su propio cuerpo, están propensos a rechazar a cualquiera que demuestre ser vulnerable o diferente de ellos), y aprenderán a hacer lo mismo.
Existen personas que saborean
cada día de sus vidas, ricas o pobres, en la salud o en la enfermedad.
Y existen otras que caminan por ahí con una vaga sensación
de vacío en lo más profundo de su ser. Si le damos a nuestros
niños el alimento espiritual que necesitan mientras son chicos,
les damos más posibilidades para que crezcan y lleguen a ser ese
tipo de persona que ve cada día como una bendición... y nos
bendecirán por ello.
(Traducido por Inés Baum)
Anónimo. Versión Libre. Traducción: Ría Okret
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un bol. Sacó los huevos y los colocó en otro bol. Coló el café y lo puso en un tercer bol. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó:
"¿Qué significa esto, padre?" El le explicó que los
tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo,
pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó
al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo
se
había vuelto débil, fácil
de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara
fina protegía su interior líquido. Pero después de
estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos
de café sin embargo eran únicos. Después de estar
en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café9?"
¿Cómo somos nosotros? ¿Somos como una zanahoria que parecemos fuertes pero que cuando la adversidad y el dolor nos tocan, nos volvemos débiles y perdemos nuestra fortaleza?
¿Somos como un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseíamos un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido nos hemos vuelto duros y rígidos? Por fuera nos vemos igual, pero somos amargados y ásperos, con un espíritu y un corazón endurecidos?
¿O somos como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si somos como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor nosotros reaccionamos mejor y hacemos que las cosas a nuestro alrededor mejoren.
¿Cómo manejamos la adversidad? ¿Somos como una zanahoria, un huevo o un grano de café?