Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica



ROSH HASHANÁ - Arvit 2ndo día

por el Rabino Rami Pavolotzky

 

        En los Iamim Noraim hacemos un balance del año que pasó.  Nos reencontramos con nuestras raíces, tomamos coraje para hacer frente a las adversidades de la vida erguidos como un tronco, alzamos nuestros brazos y miradas al cielo como si fueran ramas al viento, y proyectamos un año mejor en el cual podamos recoger los frutos de nuestro esfuerzo.

        En las Altas Fiestas somos como árboles.

        En estos Iamim Noraim nos gustaría poder aprender del Tamar de la jueza Dborá, del Eshel de Abraham Avinu, del árbol del conocimiento del bien y el mal, del árbol del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, del Kikaión de Ioná, de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía y del árbol de la vida.

        Esta segunda noche de Rosh Ha-Shaná, quiero hablarles del árbol del conocimiento del bien y el mal.  Este árbol se encontraba en el medio del Gan ha-Eden, el Paraíso, junto al árbol de la vida, del que hablaremos en Iom Kipur.

        No sé a ustedes, pero a mí con sólo escuchar su nombre, árbol del conocimiento del bien y el mal, se me aparecen un montón de imágenes y pensamientos maravillosos.  ¿Cómo sería?  ¿Qué provocaba?  ¿Qué simboliza?  ¿Por qué D"s le prohibió a Adam comer de su fruto?

        El texto bíblico tiene la gran ventaja de dejar todos estos interrogantes sin respuesta, dando lugar al tesoro de la interpretación, al que nuestro pueblo se dedicó desde siempre.  Tanto se ha escrito sobre el árbol del bien y el mal, tanto se ha discutido y hablado sobre él.  Posiblemente sea el árbol más cercano al mítico corazón de la cultura occidental.

        De todas las ideas y enseñanzas de vida que se desprenden de este relato de la Torá, hoy me referiré solamente a un aspecto, que es el de la responsabilidad individual, idea central en la cosmovisión judía del hombre.

        D"s prohíbe a Adam, y según algunos comentaristas Java también queda incluida en la prohibición, comer del fruto del árbol del bien y el mal.  El castigo por transgredir esta prohibición era la pena capital.  A pesar de tan temible castigo, la serpiente seduce a Java y esta acepta comer del fruto, como así también Adam.

        D"s nota que los primeros hombres han transgredido la prohibición y pregunta a Adam porqué lo ha hecho.  Adam responde:  "… la mujer que pusiste junto a mí, ella me dio del árbol y comí" (Génesis 3:12).   Entonces D"s pregunta a Java qué ha hecho y ella contesta:  "… la serpiente me incitó y comí"  (Génesis 3:13).

        Como ustedes bien saben, ambos son castigados.  Justamente este castigo, que no es un colectivo, sino para cada uno de los personajes por separado, nos entrega la gran moraleja del relato.

        Adam intentó esconderse de su responsabilidad señalando a Java como la culpable de que él haya comido.  Java intentó esconderse de su responsabilidad señalando como culpable a la serpiente.  Sin embargo, a fin de cuentas, cada uno de ellos fue responsable por sus actos.

        Está claro que la serpiente incitó a Java a comer, que el fruto era tentador, y que Java estimuló a su esposo a transgredir.  Pero más claro está aún que cada uno de ellos fue en última instancia quien decidió actuar como lo hizo.

        En el pensamiento judío cada uno es responsable por sus acciones.  Por supuesto que hay presiones y situaciones que a veces nos empujen a actuar de determinada manera, pero en última instancia cada uno es responsable por sus actos.

        Rosh ha-Shaná nos invita a tomar nuestras vidas en forma responsable, a reconocernos artífices de las mismas, a dejar de señalar a los demás, o a determinadas circunstancias, como si no fuéramos nosotros los que decidimos qué queremos hacer de nuestras vidas.

        El árbol del conocimiento del bien y el mal nos recuerda que los que debemos decidir cómo queremos vivir somos nosotros mismos.  Dejar de mirar a nuestro alrededor y tomar las riendas de la vida, haciéndonos responsables por ella.

        Cuenta el midrash, que el hecho que realmente llevó a D"s a expulsar a Adam del Paraíso no fue el haber comido del fruto prohibido, sino el haber señalado a su mujer como la responsable de su error, cuando lo que D"s esperaba de él era que reconociera su error y se arrepintiera.

        En este nuevo año que comienza, los invito a aprender de la experiencia de los primeros hombres y a no volver a repetir el error, a ser sinceros con nosotros mismos y dejar de señalar a quienes nos rodean, o a determinadas circunstancias, como las responsables de nuestro accionar.  Nosotros somos los responsables.  Elijamos con prudencia y sabiduría.

 

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Última actualización
:    20 de octubre, 2004