Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
Rabino Rami Pavolotzky
En los Iamim Noraim hacemos un balance del año que pasó. Nos reencontramos con nuestras raíces, tomamos coraje para hacer frente a las adversidades de la vida erguidos como un tronco, alzamos nuestros brazos y miradas al cielo como si fueran ramas al viento, y proyectamos un año mejor en el cual podamos recoger los frutos de nuestro esfuerzo.
En las Altas Fiestas somos como árboles.
En estos Iamim Noraim nos gustaría poder aprender del Tamar de la jueza Dborá, del Eshel de Abraham Avinu, del árbol del conocimiento del bien y el mal, del árbol del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, del Kikaión de Ioná, de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía y del árbol de la vida.
En esta noche tan sagrada para todos, quiero hablarles del Kikaion de Ioná, el profeta cuyo libro leeremos mañana por la tarde.
D"s envía a Ioná a la ciudad de Nínive, con la misión de intentar convencer a sus habitantes de que se arrepientan de sus malas acciones. Ioná se escapa una y otra vez, pero finalmente se ve obligado a cumplir la tarea. Para su propia sorpresa, las personas de Nínive se arrepienten de sus transgresiones y D"s los perdona. Ioná no acuerda con la clemencia divina, huye, se enoja y hasta pide morir.
Finalmente, Ioná se establece fuera de la ciudad, solo, bajo una suká. El sol del día mortificaba a Ioná, por lo que D"s hace crecer milagrosamente un enorme árbol, de nombre kikaion, para que le proporcione sombra. Ioná se sintió muy complacido aquel día, sin las molestias del sol: no más quemaduras, ni excesiva claridad ni calor.
Sin embargo, antes del amanecer del siguiente día, D"s envía un gusano que corroe el kikaion. El árbol se seca y muere. Ioná despierta y vuelve a sentir otra vez un calor sofocante que no lo deja tranquilo. Se siente enfermo y nuevamente pide a D"s morir. D"s enfurece y le dice a Ioná: "Has sentido compasión por el kikakion, por el cual no trabajaste ni lo hiciste crecer, que surgió de pronto, y de pronto desapareció" (Ioná 4:10). Ioná queda sin respuesta. El profeta entiende que lo que creció milagrosamente, sin su esfuerzo ni trabajo, milagrosamente puede desaparecer.
Iom Kipur, Kol Nidrei… momento sagrado, de recogimiento, el día del perdón. Todo esto es verdad, pero además claramente este se ha convertido en un momento de asamblea, de reunión para todo el pueblo judío. Aquí estamos nosotros también reunidos.
Algunos se conocen desde hace muchos años, casi veinte, desde que fundaron esta congregación, con el objetivo de brindar otra opción judía en Costa Rica. En esta noche de Kol Nidrei, seguramente aparecen en su imaginación muchas otras noches como ésta, en otros lugares, con menos gente, con muchos sueños.
Otros comenzaron a concurrir hace algunos años, por distintas razones y buscando distintos objetivos. Algunos de ellos ni siquiera conocieron la sede anterior, otros fueron artífices de la concreción de esta hermosa sinagoga que hoy tenemos.
Otros vienen desde hace muy poco, con más o menos convencimiento. Seguramente hay hoy aquí muchas personas que se incorporaron en los últimos tiempos, o que quizás incluso hoy sea su primera visita a la comunidad.
De alguna manera, estar aquí hoy es como ver aquel kikaion que vio Ioná. B´nei Israel es como un árbol que ha crecido, pero a diferencia de aquel árbol, lo ha hecho con el esfuerzo enorme de mucha gente, que luchó a brazo partido por la continuidad de la tradición judía en un mundo moderno.
B'nei Israel es una fuente de sombra y aire fresco para nosotros, para nuestras familias, para nuestros hijos. Es el lugar donde nos encontramos con nuestros amigos, donde nos reencontramos con nuestras raíces, donde aprendemos cómo vivir como judíos en el siglo XXI, al mismo tiempo que respetamos y amamos nuestra tradición milenaria.
Seguramente, como aquel kikaion, nuestra congregación puede mejorar y crecer: tener más actividades, brindarnos un espacio donde nos sintamos más cómodos, abrirnos más y más sus puertas hasta convertirse en nuestro segundo hogar, como siempre ha sido la comunidad, la kehilá, en la historia más reciente de nuestro pueblo.
Ioná aprendió con su propio cuerpo la lección del kikaion: sólo cuando lo cuidamos y lo regamos nos aseguramos que siga creciendo fuerte y lozano. De lo contrario, así como ha crecido, así puede marchitarse y morir.
En este Iom Kipur los invito a todos, miembros y amigos de B'nei Israel, a sumarse al cuidado de este kikaion, que es nuestra congregación. Juntos lo haremos mejor, y seguiremos construyendo el sueño de la comunidad que nos albergue a todos bajo su sombra. Una comunidad que nos dé una mano cuando tengamos alguna necesidad, y en la que nosotros podamos brindar nuestra ayuda cuando otros la necesiten. Una comunidad que nos dé la posibilidad de vivir plenamente como judíos, orgullosos de pertenecer a este pueblo tan maravilloso, que hoy ayuna y se aflige, pensando cómo ser mejor en este año que comienza.
Ioná fue tan grande que pudo convencer a una gran ciudad de que cambiara su rumbo. Sin embargo, fracasó en algo tan simple como cuidar un árbol. Posiblemente su fracaso se debió a que estuvo solo, completamente solo. Nosotros tenemos la bendición de estar juntos. Sepamos aprovechar esta enorme ventaja.
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