Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
Rabina Daniela Szuster
En los Iamim Noraim hacemos un balance del año que pasó. Nos reencontramos con nuestras raíces, tomamos coraje para hacer frente a las adversidades de la vida erguidos como un tronco, alzamos nuestros brazos y miradas al cielo como si fueran ramas al viento, y proyectamos un año mejor en el cual podamos recoger los frutos de nuestro esfuerzo.
En las Altas Fiestas somos como árboles.
En estos Iamim Noraim nos gustaría poder aprender del Tamar de la jueza Dborá, del Eshel de Abraham Avinu, del árbol del conocimiento del bien y el mal, del árbol del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, del Kikaión de Ioná, de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía y del árbol de la vida.
En esta mañana de Iom Kipur los voy a invitar a que nos traslademos por unos instantes al episodio bíblico de aquella zarza que ardía y no se consumía.
Recordando un poco la historia, Moshé creció en el imperio egipcio y siendo joven, una mañana caminando, vio que un egipcio golpeaba a un hebreo. Moshé no puede resistirse y defiende al hebreo golpeando al egipcio. Al día siguiente ve a un hebreo que le pega a otro hebreo y tampoco se resiste y lo reprende.
Moshé, desde joven, siente que tiene una misión en la vida. Es sensible al sufrimiento humano y siente una imperiosa necesidad de hacer algo para que la injusticia no sea la que gobierne a la sociedad. Por actuar de este modo, Moshé debe huir de Egipto y quizás de ese modo, también estaba huyendo de esa misión que comenzaba a nacer en su interior.
Todos nacemos con una misión y solemos huir de ella.
Estando en Midián, Moshé sale a pastorear las ovejas y observa que hay una zarza que arde y no se consume. No entiende de qué se trata y se acerca. Allí se encuentra con la revelación divina.
¿Qué significa esta zarza? Quizás D"s le quiere enseñar a Moshé y a nosotros, lo importante que es que el fuego arda y no se consuma. Fuego como símbolo de aquellas cosas que nos apasionan, que nos hacen diferentes y especiales. Fuego como símbolo de nuestra misión en la vida.
Cada vez que un ser humano nace, ingresa un Jidush, una novedad al mundo. Si hubiera alguien igual a nosotros no habría necesidad de ser creados.
Cuenta un Midrash que, a diferencia de un rey de carne y hueso que cuando sella las monedas todas les salen iguales, D"s con el mismo modelo, el primer hombre, produce modelos totalmente diferentes uno del otro (Sanhedrín 4: 5).
Cada uno de nosotros posee un alma única. Cada uno de nosotros, sin duda, tiene una misión en la vida.
Este día tan solemne, en el cual nuestras firmas son rubricadas en el libro celestial, es un momento propicio para preguntarnos:
¿En qué soy diferente?
¿En qué soy especial?
¿Cuáles son las cosas que me apasionan?
¿Qué he hecho con mi fuego interno?
¿Se ha consumido? ¿Me ha consumido?
¿Cómo hacer para mantenerlo ardiendo y no dejar que me consuma?
Moshé al principio dejó que aquel fuego se consumiera y huyó, hasta que se encontró con la zarza que ardía y no se consumía, y entendió que debía ser el líder del pueblo de Israel para liberarlo de la esclavitud.
El profeta Jeremías intentó huir de su vocación de profeta, pero según nos cuenta el relato bíblico, Jeremías sintió en su corazón como un fuego que ardía hasta en sus propios huesos (Jeremías 20: 9), quien lo obligó a retornar a su misión.
Iom Kipur es el día para pedir perdón a D"s y a nosotros mismos por las tantas huidas, por no tener el coraje suficiente para lograr que nuestro fuego interno pueda arder sin que se consuma.
Es un día propicio para pedirnos perdón y un día para pensar cómo recuperar aquél fuego. A veces no es fácil identificarlo, pero si prestamos atención, se nos aparece diariamente.
Quizás tu misión sea simplemente hacer sonreír a los demás, o brindar alegría con tu voz o con tu cuerpo, quizás enseñar tu experiencia vivida a los niños o dar esperanza a los desahuciados.
Hay tantas misiones como personas en el mundo, cuando las llevamos a cabo logramos satisfacer nuestra alma y a la vez aportar un granito de arena para que el mundo sea mejor.
La misión última de la humanidad es el Tikún Olam, la reparación del mundo, pero cada uno de nosotros lo ejercita a su manera, desde sus cualidades y singularidades.
Quiera D"s podamos en este nuevo año reconocer nuestro fuego interno, si es que todavía no lo conocemos.
Quiera D"s podamos mantener ardiendo nuestro fuego, aquellas cosas que nos apasionan, evitando que se consuman o nos consuman.
Quiera D"s podamos en el transcurso de nuestra vida cumplir con nuestra misión. Aquella misión que llevamos sellada en nuestra alma y que la humanidad espera que la ejerzamos antes de despedirnos de este mundo.
Quiera D"s que nuestra vida sea significativa a Sus ojos, a nuestro corazón y al Tikún, la reparación de la humanidad.
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