Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
Rabinos Daniela Szuster y Rami Pavolotzky
En los Iamim Noraim hacemos un balance del año que pasó. Nos reencontramos con nuestras raíces, tomamos coraje para hacer frente a las adversidades de la vida erguidos como un tronco, alzamos nuestros brazos y miradas al cielo como si fueran ramas al viento, y proyectamos un año mejor en el cual podamos recoger los frutos de nuestro esfuerzo.
En las Altas Fiestas somos como árboles.
En estos Iamim Noraim hemos aprendido del Tamar de la jueza Dborá, del Eshel de Abraham Avinu, del árbol del conocimiento del bien y el mal, del árbol del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, del Kikaión de Ioná, de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía y del árbol de la vida.
Hablamos del Tamar de la Jueza Dborá, y dijimos que cuando uno lastima a alguien se lastima un poco a uno mismo, pero también que cuando sonreímos y acariciamos, nuestra alma sonríe y reboza de alegría.
Hablamos del Eshel de Abraham Avinu, y dijimos que tender la mano a otro hombre que la necesita nos dignifica como judíos y como humanos, nos hace sentir más cerca de D"s.
Hablamos del árbol del conocimiento del bien y el mal, y dijimos que este árbol nos recuerda que los que debemos decidir cómo queremos vivir somos nosotros mismos. Que debemos dejar de mirar a nuestro alrededor y tomar las riendas de la vida, haciéndonos responsables por ella.
Hablamos del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, y dijimos que cada uno de nosotros tiene los árboles de Gófer para construir su propia arca y elegir un nuevo rumbo en este nuevo año que comienza.
Hablamos del Kikaión de Ioná, y dijimos que entre todos tenemos la bendita oportunidad de seguir construyendo una comunidad que nos dé la posibilidad de vivir plenamente como judíos, orgullosos de pertenecer a este pueblo tan maravilloso.
Hablamos de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía, y dijimos que hay tantas misiones como personas en el mundo, y que cuando las llevamos a cabo, logramos satisfacer nuestra alma y a la vez aportar un granito de arena para que el mundo sea mejor.
Hablamos del árbol de la vida, y dijimos que en nuestras memorias viven los seres queridos que hoy recordamos.
En estos Iamim Noraim hemos aprendido de alguno de los árboles de nuestra tradición judía. Quiera D"s bendecirnos para que nos podamos inspirar en su milenaria sabiduría y aplicarla para vivir vidas más fructíferas, genuinas y significativas.
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