Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica



YOM KIPPUR - Servicio de Izkor

Rabino Daniela Szuster

 

        En los Iamim Noraim hacemos un balance del año que pasó.  Nos reencontramos con nuestras raíces, tomamos coraje para hacer frente a las adversidades de la vida erguidos como un tronco, alzamos nuestros brazos y miradas al cielo como si fueran ramas al viento, y proyectamos un año mejor en el cual podamos recoger los frutos de nuestro esfuerzo.

        En las Altas Fiestas somos como árboles.

        En estos Iamim Noraim nos gustaría poder aprender del Tamar de la jueza Dborá, del Eshel de Abraham Avinu, del árbol del conocimiento del bien y el mal, del árbol del Gófer con el cual Nóaj construyó su arca, del Kikaión de Ioná, de la zarza de Moshé que ardía y no se consumía y del árbol de la vida.

        Este momento, previo al servicio de Izcor, lo dedicaré al árbol de la vida.

        En el Gan Edén, en el mítico paraíso, se encontraba el árbol del conocimiento del bien y del mal como lo mencionamos la segunda noche de Rosh Hashaná, y el árbol de la vida.

        Cuenta el Zohar que debajo de este árbol surgían las aguas primigenias que luego se dirigían al resto del mundo.  Podríamos decir que el árbol de la vida es un punto de unión, que centraliza los lazos humanos desde la época del paraíso, nuestros días y las generaciones futuras.  De alguna manera, todos estaremos enlazados en este gran árbol.

        Es un árbol de vida a pesar de que quienes lo componen no tienen vida física pero sin duda viven en nuestra memoria.

        En unos instantes comenzaremos el servicio de Izcor, servicio de recordación.  Nuestra tradición judía nos propone recordar, nos propone consagrar este momento a la memoria de nuestros seres queridos que no están físicamente con nosotros.

        Recordar sus vidas, las lecciones que nos dieron, los mensajes que nos enseñaron.  Recordar sus sueños e ilusiones, sus tristezas y emociones.  Recordar sus luchas y sus obras, sus esperanzas y acciones.

        ¿Pero para qué recordar?  ¿Para sentir dolor y angustia?  ¿Para lamentarnos de su ausencia?

        Creo que el espíritu de nuestra tradición consiste en que el recuerdo nos lleve a la acción, que el recuerdo nos aferre a la vida y a la continuidad de la cadena milenaria que es el pueblo judío.

        Cuenta el Talmud que dos fenómenos ajenos a nosotros nos provocan el llanto.  Uno es el olor despedido por ciertos frutos, como por ejemplo la cebolla.  Otro es el humo que produce una fogata.  En los dos casos, humo y el fruto, las lágrimas recorren nuestras mejillas.

        Lo mismo puede decirse en sentido inverso:  cuando derramamos lágrimas en recuerdo de nuestros seres queridos, éstas pueden sembrar frutos o hacerse humo.

        Si el recordarlos sólo nos lleva a sentir dolor en este instante y cuando volvemos a la vida de todos los días no realizamos ninguna acción en su memoria, es un recuerdo que se desvanece como el humo.

        Pero si  recordamos a nuestros seres queridos oyendo sus consejos y continuando con sus obras de bien, entonces haremos una contribución constructiva y fecunda, entonces estaremos plantando frutos.

        Nuestra tradición nos propone varias maneras de convertir nuestro recuerdo en frutos y evitar que se hagan humo.  Por ejemplo haciendo Tzedaká en sus nombres, dedicando horas de estudio en sus nombres o dándoles un lugar en el árbol de la vida.

        Los invito a que en esta hora del recuerdo podamos recordar y pensar cómo mantener viva la memoria de nuestros seres queridos.

        Cómo hacer para continuar con el legado que nos dejaron, los mensajes de vida que nos transmitieron y los sueños que no pudieron concretar.

        Quiera D”S que el recuerdo de nuestros seres queridos nos conduzca a la realización de buenas acciones, a una vida plena de sentido y a esforzarnos por la continuidad de nuestro pueblo.

        De cada uno de nosotros depende que el recuerdo se haga humo o que siembre frutos.

        Quiera D"s que los lazos que conforman el árbol de la vida sean fuertes, sólidos y duraderos.

        Con este espíritu, los invito a comenzar el servicio de Izcor.

 

 

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Última actualización:    20 de octubre, 2004