Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica


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Parashá de la Semana:   Sábado 9 de octubre, 2004

              

BERESHIT 5765

  Génesis 1:1 - 6:8

 

EL PRINCIPIO -  Sermón de Pablo Bien con motivo de su Bar Mitzvá

SERMÓN  Rabina Daniela Szuster

En este Shabat comenzamos nuevamente el ciclo de lectura de la Torá, leemos uno de los clásicos mitos que constituyen a la cultura occidental.  No hay persona en occidente que no conozca la historia bíblica de la creación del hombre y del paraíso.  Parecen ser fundamentales en la conciencia colectiva de la humanidad.

Pero hoy quiero que, por medio de Javá, podamos escuchar la otra voz de la historia, aquella voz que se suele saltear y ocultar.

Si vuestra imaginación me lo permite, invito a Javá, madre de la humanidad, a que nos dirija unas palabras en este shabat Bereshit.  Con ustedes,  Javá.  

Yo, Javá, Eva, Em Kol Jai, madre de todo ser viviente, debo contarles algo de mí vida.  Desde que D"s nos creó a mí y a Adam, yo y mis hijas y las hijas de mis hijas tuvimos que sufrir milenios de opresión, violencia, servidumbre y marginación.  El ser humano malinterpretó la voluntad divina.  En el mismo texto bíblico dice: "Creó Elohim al ser humano a su imagen, a la imagen de Elohim lo creó, macho y hembra Él los creó" (Génesis 1: 27).

No sólo que nos creó a ambos a su imagen, que a muchos les cuesta creer, sino que a ambos nos dio la misma misión:  "…  Fructificos y multiplicaos, llenad la tierra y conquistadla…" (Idem 1: 28).

D"s soñó con crear a una mujer y a un hombre con la idea de que juntos, con amor y comprensión mutua, puedan administrar el mundo.

Pero el hombre quiso igualar el sueño divino al sueño humano.  Con su afán de poder, dominación y control, no sólo maltrató a otros pueblos por su color de piel o por sus creencias sino a su propia pareja, madre de sus hijos.

Siglos en que mis hijas fueron privadas de practicar su fe y religiosidad en público, privadas de expresar su creatividad, sus filosofías, pensamientos.

Años en que tuvieron que acatar órdenes del otro género.  Años en que no se escuchaba ni valoraba la voz femenina.  ¿Por qué?  Sin razón.  Porque la cultura consideró la fuerza, el poder y la insensibilidad como pilares de la sociedad.

Ni hablar de mis niños pequeños que aún sufren de violencia, abuso y opresión.

Por generaciones y generaciones me consideraron a mí y a mis hijas como seductoras, tentadoras, charlatanas, lloronas y de poca inteligencia.

Si prestan atención al texto bíblico, yo nunca seduje a Adam para que comiera del fruto, pero en todos lados, en el arte, literatura, aparezco como seductora.

Como ustedes bien saben, yo comí del fruto.  No sé si alguna vez se pusieron a pensar que ese fruto es el fruto de la sabiduría.  Es el fruto que nos diferenció del resto de las especies, quienes no poseen conciencia de sí mismos ni responsabilidad por sus acciones.

Gracias a aquél fruto que yo comí podemos diferenciar el bien del mal.  En ese momento pude entender el cambio profundo que traería a la humanidad comer de ese fruto, y no quise dejar a Adam afuera.  Pude haber comido yo sola, pero creí más apropiado poder compartir la sabiduría con mi compañero de la vida.

No sé cómo hubiera sido la historia si siguiéramos en aquél paraíso.  Lo que sí sé es que es un privilegio ser un ser humano con posibilidades de pensar, sentir, distinguir, elegir, soñar y conocer, que aquél fruto nos brindó.

Podría decirles muchísimas cosas más que no se saben, que la historia ha dado vuelta la cara.  Sé que ustedes, judíos liberales, tienen la capacidad de escuchar la otra voz, aquella sabiduría que no fue oída por siglos.  No pierdan esa capacidad, ya que podrán hacer un gran aporte a la humanidad.

Aún mis hijas sufren de opresión y marginación, sólo por ser hijas y no hijos.

Quiera D"S  llegue el día en que se valore a cada ser humano por sus cualidades, sus acciones y sus méritos, y no por su color, género o edad.

Quiera D"S llegue el día en que tanto yo, Javá, como Adam, podamos enorgullecernos de nuestras hijas e hijos.

Llegue el día en que nuestras hijas e hijos puedan respetarse, valorarse y vivir en armonía.

Llegue el día en que la humanidad entera pueda entender que D"s creó a la mujer y al hombre a su imagen, y que en ambos reside la divinidad. 

 

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EL PRINCIPIO

Divrei Torá de Pablo Bien en su Bar Mitzvá

        La Parashá de mi Bar Mitzvá se llama Bereshit, que es la primera de la Torá.  Esta Parashá explica la creación del mundo y los primeros hombres.  Después de que Dios creó la tierra creó el hombre, Adam.  Después creó a la mujer, Eva.  Dios le prohibió al hombre, comer del árbol del bien y del mal y del árbol de la vida.

        Un día la serpiente convenció a la mujer para que comiera un fruto del árbol del bien y del mal.  Ella le ofreció al hombre y él comió.  Dios llamó a Adam para preguntarle dónde estaba, creo que para que se diera cuenta y confesara que había comido del árbol del bien y del mal.  Él le respondió que estaba desnudo.  Puede ser que esta respuesta tenga un doble sentido, el primero es que Adam le estaba confesando a Dios, de una manera modesta, lo que había hecho, y el segundo, que sentía vergüenza porque ya conocía la verdad del bien y del mal.  Adonai le preguntó al hombre si había comido del árbol e inmediatamente, Adam culpó a la mujer de haberlo seducido a comer.  Yo creo que Dios se enojó porque Adam no aceptó que había comido del árbol.  Dios le preguntó a Eva qué había hecho, y ella tuvo la misma reacción que Adam, culpó a la serpiente.

        La serpiente pudo haber sido puesta para probar al hombre y a la mujer.  Después de eso pudo ser que Dios se enojó.  Maldijo a la serpiente y la obligó a arrastrarse por la tierra.  Puso odio entre ella y la mujer, tal vez para que no se pudieran relacionar.  Castigó a la mujer con el dolor de parir y desear a su esposo.  Dios pudo haber puesto estos castigos a la mujer porque ella le ofreció la fruta a Adam.  Al hombre, Dios le aclaró muy bien las razones de su castigo y lo condenó a tener que trabajar la tierra con el sudor de su frente para poder comer de ella.

        El hombre llamó a su mujer Eva (“Java”) por ser la madre de todos los seres humanos vivientes.  Adonai les regaló túnicas para cubrirse y los sacó del jardín del Edén para que no tocaran el árbol de la vida y para que se ganarán la comida trabajando.

        Yo aprendí de esta historia que no hay que dejarse llevar por las personas que quieren hacer el mal y desobedecer a Dios.

         Quiero agradecerle muchísimo a la Morá Hilda por todas las enseñanzas que me dio y todo el apoyo en mi preparación para este día.  También quiero agradecerle a Morá Elena porque ella fue la persona que me enseñó el hebreo por muchos años.  A Rami y Daniela  quiero agradecerles por haberme preparado para este momento.  A mi hermana, quiero agradecerle siempre me ayudó con lo que no entendía y siempre estuvo a mi lado.  Por ultimo, quiero agradecerle a mis padres por haberse sacrificado para que yo pudiera llegar hasta este momento.

 

 

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Última actualización:    25 de octubre, 2004