Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
VAIEJÍ 5765
Génesis 47:28 - 50:26
MENSAJE DE TORÁ - Rabino Rami Pavolotzky
Al leer de un Sefer Torá llama fuertemente la atención el hecho de que nuestra parashá comience casi inmediatamente después de la parashá anterior, luego de un espacio de separación mínimo. En el lenguaje de nuestros sabios, ésta es la parashá más setuma (cerrada) de toda la Torá.
El midrash (Bereshit Raba 96:1) explica que lo cerrado de la parasha Vaieji alude a la muerte de Iaakov al comienzo de la misma, luego de la cual "se cerraron" los ojos y corazones de los hijos de Israel, al sobrevenir la época de la esclavitud en Egipto. En efecto, la semana entrante leeremos cómo los egipcios esclavizaron a nuestro pueblo.
Lo que comenzó como un asentamiento temporario en busca de comida y siguió como un asentamiento estable ante la prosperidad de la vida en Egipto, terminará convirtiéndose en una de las experiencias más traumáticas para el pueblo de Israel. Nuestra historia nos obliga a estar siempre con los ojos y los corazones bien abiertos, atentos no sólo al bienestar económico, sino por sobre todo a la situación política y social de nuestros hermanos. Es nuestra obligación como judíos orgullosos de nuestra tradición.
Shabat shalom.
SERMÓN - Rabina Daniela Szuster
La familia es el encuadre básico en el que uno se forma como persona, aprende valores y principios de vida, aprende cómo vivir y cómo enfrentar el mundo. Uno aprende a ser amado y a amar, aprende a ser respetado y a respetar. Así como aprendemos principios de vida también absorbemos aspectos negativos.
Consciente o inconscientemente recibimos mandatos que provienen de nuestros ancestros y se repiten constantemente de generación en generación. Cada familia tiene sus propios mandatos.
Es sumamente interesante, cuando en el ámbito psicológico se confecciona un genograma, que es un estudio generacional de una familia, cómo a pesar del tiempo ciertas historias se repiten. Cómo un miembro de la familia reincide con conflictos no resueltos de un miembro de una generación anterior.
Con nuestros primeros padres ha ocurrido algo similar. En este Shabat concluimos el libro de Bereshit y haciendo un raconto de las historias que fuimos leyendo y analizando, podemos observar ciertas repeticiones que se han desarrollado de una generación a otra.
Un ejemplo claro es el afán de padres de privilegiar al hijo menor, creando enemistad entre los hermanos. Abraham privilegió a Itzjak echando a Ishmael del hogar. Itzjak bendijo a Iaakov y Eisav quiso matar a su hermano. Iaakov prefería a Iosef entre todos los hermanos y éstos lo pusieron en un pozo y luego lo vendieron.
Incluso en esta parashá, cuando Iaakov bendice a sus nietos Efraim y Menashé, hijos de Iosef, hace una trampa y coloca su mano derecha sobre el menor y su mano izquierda sobre el mayor.
Lo interesante es que cuando termina el libro y terminan todas estas historias que se repiten, surge un pequeño cambio. Iosef no acepta este mandato transmitido de generación en generación, sino que se da cuenta que esto provoca un gran daño familiar e intenta hacer un alto y revertir el futuro de sus hijos.
Cuenta la Torá: "Mas cuando hubo visto Iosef que ponía su padre su mano derecha sobre la cabeza de Efraim, le disgustó y apoyó la mano de su padre, para quitarla de sobre la cabeza de Efraim y posarla sobre la cabeza de Menashé. Dijo Iosef a su padre: ¡No es así, padre mío! ¡Pues éste es el primogénito, pon tu derecha sobre su cabeza!" (Bereshit 48: 17-18).
Iosef sufrió mucho en su propia vida por el odio de sus hermanos y no está dispuesto a que a sus hijos les ocurra lo mismo. No quiere más privilegios ni envidia y odio entre hermanos. Iosef intenta poner un límite a dicho mandato generacional y así concluyen las historias del libro de Bereshit.
Iosef nos enseña que los mandatos no son eternos, que los recibimos inconscientemente pero existe la posibilidad de no aceptarlos si entendemos que nos dañan y dañan a nuestros familiares y seres queridos.
Pasaron varias generaciones hasta que Iosef pudo darse cuenta e intentar hacer un cambio. Pero es posible cambiar el rumbo y revertir el futuro nuestro y de nuestros hijos.
Quiera D"s podamos reconocer e identificar cuáles son los mandatos, conflictos y síntomas que recibimos de nuestras familias y repetimos sin darnos cuenta.
Quiera D"s podamos cambiar dichas repeticiones que en definitiva nos dañan y nos perjudican, que podamos reflexionar y cambiar el rumbo de la historia familiar.
Quiera D"s podamos entregar lo mejor de nosotros a nuestra familia y lograr que pueda vivir en paz, armonía y amor.
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