Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica


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Parashá de la Semana:   Sábado 15 de enero, 2005

               B”H

BO 5765

 Éxodo 10:1 - 13:16

 

MENSAJE DE TORÁ  -  Rabina Daniela Szuster

La parashá de esta semana nos relata las últimas tres de las diez plagas que el pueblo egipcio sufrió por no liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Comienza la parashá diciendo:  “Y dijo Adonai a Moshé: Allégate al Faraón…” (Shemot 10: 1).  Muchos sabios se preguntan por qué dice "Bo", "allégate", que también puede significar "ven" y no está escrito "Lej", "vé", que sería el término más adecuado en esta situación y el que se suele utilizar.  Escribe Rabi Janoj Tzvi De Vendin en su libro "Ijaen Peer": "Mi esposa, la rabanit Feigue, opina que en el texto dice "Bo", "ven" en lugar de "Lej", "vé"; dado que D"s intentó tranquilizar a Moshé en la tarea difícil que debía emprender, y podríamos imaginar que de este modo le dijo D"s a Moshé:  "ven conmigo y juntos iremos a encontrarnos con el Faraón", para convencerlo de que acepte liberar al pueblo de Israel.

Hay veces que nos sentimos solos, con miedo a enfrentar nuevos desafíos que  la vida nos presenta.  En esos momentos es importante recordar que así como D”s acompañó a Moshé, también está dispuesto a acompañarnos y ayudarnos a sentir su protección y calor.  Recibamos la fuerza y energía que emanan de la divinidad para transitar las incertidumbres de la vida.

Shabat Shalom

 

SERMÓN  -  Rabino Rami Pavolotzky

En la Parashá de esta semana, Parashat Bo, leemos sobre las últimas tres plagas que azotaron a la tierra de Egipto, y que culminan con la maravillosa salida de los hijos de Israel.  Como todo el texto de la Torá, también el relato de las plagas tiene un significado literal y otro metafórico, no siempre absolutamente claro.  Me gustaría hoy hablar de uno de los posibles significados metafóricos de la novena plaga, la oscuridad.

La Torá dice "Dijo Adonai a Moshé:  extiende tu mano hacia los cielos y que haya oscuridad sobre la tierra de Egipto y que se palpe la oscuridad.  Tendió Moshé su mano hacia los cielos y hubo oscuridad: tinieblas en toda la tierra de Egipto, tres días.  No pudieron divisar hombre a su prójimo, ni se levantó alguno de su lugar, tres días.  Empero, para todos los hijos de Israel hubo luz en sus moradas" (Génesis 10:21-23).

Los comentaristas clásicos de la Torá, basándose en distintas pruebas textuales, intentan explicar en qué consistía esta oscuridad.  Algunos creen que la oscuridad natural de la noche permanecía durante el día siguiente, y cada una de las tres noches la oscuridad se iba incrementando, sumándose la oscuridad de las noches anteriores a la de la noche corriente.

Otros piensan que era un fenómeno extraño que producía un tipo de oscuridad mucho más densa que la que percibimos normalmente por la noche, lo que hacía imposible ver nada ni producir luz.

Finalmente, otros creen que la oscuridad era tan concreta que se la podía palpar.  Es decir, no era simplemente ausencia de luz, sino una especie de material denso que descendió sobre Egipto.

Fuera lo que fuese, el resultado concreto de esta oscuridad era que uno no podía ver a su prójimo ni levantarse de su lugar, según el versículo que leí antes.  Perder la capacidad de ver al que está enfrente es visto por la Torá como un gran castigo, como uno de los más graves.

¿Qué quiere decir poder ver al prójimo?  ¿Por qué es un castigo no poder verlo?  Creo que tener la capacidad de ver al otro es poder distinguir en él algo más que una figura humana que simplemente está ahí.  Poder ver al otro es reconocer en quien tengo enfrente a un ser humano como yo, sensible, con sus alegrías y tristezas, con sus valores y miserias.

No es extraño que los antiguos egipcios hayan sido castigados con la imposibilidad de ver al prójimo.  De hecho, en cierta forma ellos mismos decretaron ese castigo sobre ellos.  Cuando un pueblo esclaviza a otro y construye sobre él un imperio, difícilmente pueda ver a un esclavo como a un ser humano.  La esclavitud es una clara forma de deshumanización, es convertir a un hombre en un animal o una máquina.  No me parece difícil imaginar que los antiguos egipcios hubieran perdido la capacidad de ver a sus esclavos hebreos como a seres humanos que necesitan amar y ser amados.  Y es probable que eso también les ocurriera con sus conciudadanos egipcios, llevados por la costumbre.

La Torá nos dice que perder la capacidad de reconocer como humano a nuestro prójimo es un gran castigo.  Agrega además que también lo es el hecho de no poder levantarse del lugar donde uno está sentado.  Me parece que la metáfora aquí también es clara: cuando perdemos la capacidad de reconocer al ser humano que tenemos enfrente, también perdemos la sensibilidad interna de ver sus necesidades y levantarnos para ayudarlo.  Nos quedamos paralizados en nuestro asiento, insensibles al sufrimiento ajeno.  

La vida cobra otro sentido cuando cambiamos los anteojos con los cuales miramos al mundo.  Es una verdadera bendición cuando ponemos en práctica nuestra capacidad inmensa de reconocer al ser humano sensible que se esconde detrás de la persona que está frente a nosotros.  Poder ver en el otro sus necesidades, sus virtudes, su ternura. Entender que cada ser humano fue creado a imagen y semejanza de D”S, que cada uno lleva una chispa divina escondida en su interior.  Ser sensibles al otro… y a nosotros mismo.

Lo contrario es la oscuridad absoluta, es estar solos en medio de una densa oscuridad que ni siquiera nos permite vernos al espejo.

Aprendamos a ver con el corazón.  Agreguemos luz a este mundo.

Shabat Shalom.

 

 

 

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Inés Gutiérrez      baumgut@racsa.co.cr
Última actualización:   
21 de febrero, 2005