Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica


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Parashá de la Semana:   Sábado 22 de enero, 2005

               B”H

BESHALAJ 5765

 Éxodo 13:17 - 17:16

 

MENSAJE DE TORÁ  -  Rabino Rami Pavolotzky

La parashá de la semana nos relata el comienzo de la milagrosa caída de man (maná) durante la travesía por el desierto.  Cada mañana los hijos de Israel recibían su alimento desde el cielo, quedando así exentos de la preocupación que conseguirlo produce.

El día viernes recibían doble ración, o como dice la Tora, Lejem Mishne (doble cantidad de pan, Shemot 16:22).  Una de las raciones la comían el mismo viernes y la otra durante shabat, día en el cual no caía man.  Esta fue la primera manera del pueblo de Israel de cumplir con el descanso sabático en el desierto.

Hoy en día ya no cae maná del cielo, sin embargo seguimos recordándolo cada shabat, cuando en cada una de las tres comidas sabáticas ponemos en la mesa dos jalot, Lejem Mishne.  Además, de esta forma expresamos nuestro agradecimiento por la abundancia con la que D"s nos bendice y marcamos también una diferencia con el resto de los días de la semana.

Shabat Shalom

 

SERMÓN  -  Rabina Daniela Szuster

En el final de la parashá de esta semana  se nos cuenta acerca del primer obstáculo que tuvo el pueblo de Israel, al encontrarse con otro pueblo.

Los hijos de Israel fueron liberados, salieron de Egipto y en el camino, el pueblo de Amalek los atacó. Inmediatamente Moshe le pidió a Ioshua que reúna varios hombres para salir a la guerra.

Es sumamente interesante la descripción que hace la Torá acerca de dicha batalla. "Y ocurría que, cuando elevaba Moshe su mano, prevalecía Israel; mas cuando bajaba su mano, prevalecía Amalek" (Shemot 17: 11).

¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué cuando elevaba Moshé sus manos triunfaban y fracasaban cuando las bajaba? ¿Quiere decir que Moshe tenía algún tipo de poder divino? ¿O que D"s mismo, por medio de las manos de Moshe, digitaba el combate? ¿No eran los hombres quienes realmente estaban luchando?

En el Talmud, Tratado de Rosh Hashaná (29a), los sabios se preguntan acerca de esta situación y concluyen con una respuesta muy profunda.

"¿Acaso las manos de Moshe hacían la guerra o la detenían? En realidad lo que el texto quiere decir es que todo tiempo que los hijos de Israel elevaban sus ojos hacia el cielo y sometían su corazón a D"s, ellos se sentían valientes y cuando no lo hacían, ellos decaían".

Según esta respuesta la victoria no dependía estrictamente de las manos de Moshe  ni del poder divino, sino de algo mucho más simple, más humano.

El triunfo dependía de la propia confianza del pueblo en sí mismo para poder enfrentar este nuevo desafío. Las manos de Moshe no hacían nada sino que cuando el pueblo elevaba su mirada hacia el cielo, se acordaba que hay alguien superior que da fuerza y apoyo para enfrentar los desafíos de la vida. Es sólo en ese momento cuando recuperaban valor y coraje.

Cuántas veces nos ocurre, en los diferentes momentos de la vida, en que debemos superar un nuevo obstáculo y sin saber exactamente por qué nos convencemos de que no somos capaces de superarlo y "exitosamente" logramos fracasar.

Puede ser en un examen, en una entrevista de trabajo, en un negocio, o hasta cuando nos enamoramos. Creemos que no somos la persona indicada, la persona ideal que quien está frente nuestro está buscando.

Pero a la vez deseamos fervientemente alcanzar aquél lugar, anhelamos aprobar el examen, tener éxitos en la entrevista, en el negocio o al enamorarnos.

Como nos enseña la parashá de esta semana, lo que se necesita es la propia confianza. No esperar milagros sino convencernos que somos lo suficientemente capaces para alcanzar nuestras metas.

Es cierto que muchas veces necesitamos que un amigo, un familiar o D"s mismo nos sirvan como espejo demostrándonos que tenemos la capacidad de realmente poder  lograr nuestros objetivos.

Cuando estemos perdidos, en medio de alguna batalla, no olvidemos elevar nuestras miradas hacia el cielo y recuperar nuestra confianza y valor, sin esperar que manos milagrosas actúen por nosotros mismos. 

 

 

 

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Inés Gutiérrez      baumgut@racsa.co.cr
Última actualización:   
21 de febrero, 2005