Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica


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Parashá de la Semana:   Sábado 29 de enero, 2005

               B”H

ITRÓ 5765

 Éxodo 18:1 - 20:23

 

MENSAJE DE TORÁ  -  Rabina Daniela Szuster     

La parashá de esta semana comienza con el encuentro entre Moshé e Itró. Itró era el suegro de Moshé y líder religioso del pueblo de Midián.  Éste observó el agotador trabajo de Moshé,  juzgar día y noche a su pueblo, y le aconsejó reorganizar el sistema judicial.  Hasta ese momento, Moshé era el único conocedor de la ley y el único que tenía la autoridad para poder juzgar al pueblo. Itró le propuso dividir la tarea, transmitir sus conocimientos a otras personas y erigirlos como líderes y jueces del pueblo.  De este modo, los asuntos más simples serían resueltos por estos jueces y los asuntos más complejos serían resueltos por Moshé.  Según nos comenta la Torá, Moshé, luego de escuchar dicho consejo, implementó inmediatamente dicha organización. Sin duda, el consejo de Itró nos enseña un mensaje de vida muy importante.

Cuántas veces en los diferentes roles que ejercemos en la vida como ser en nuestro hogar, en nuestro trabajo o en las diferentes actividades que participamos, nos convencemos no sólo que somos muy idóneos para determinado rol sino que somos los únicos que podemos desenvolvernos de manera exitosa.  Cuántas veces observamos cómo líderes de toda clase, con el afán de aparecer en la primera plana de los medios de comunicación y de ser poseedores del poder absoluto evitan transmitir sus conocimientos y habilidades para que otros puedan participar en la tarea.

Sin duda, el buen líder no puede crecer y desarrollar su liderazgo en soledad, requiere de un equipo de gente en quienes pueda delegar tareas.  Si algún día este líder se ausenta, no debería desmoronarse toda la estantería, sino que debería seguir funcionando el sistema a pesar de su ausencia.  En eso radica su verdadero liderazgo.

Si Moshe no hubiese dividido la tarea, con su muerte no habría quién pudiera continuar juzgando y el pueblo sin justicia hubiera desaparecido.

            Shabat Shalom

 

SERMÓN  -  Para-rabino Gonzalo Vega

Esta semana leemos en nuestra Torá el pasaje de los 10 mandamientos, tan conocido por todos.  Cabe destacar que ésta es la única parashá cuyo título es el nombre de una persona, y que este honor recae sobre un no judío:  el sacerdote medianita Itró, suegro de Moshé.  Es un hecho interesante, y no debe dejarse pasar.  La primerísima palabra en la parashá es Vaishmá – “Y él escuchó”.  El hecho de que esta característica de Itró, la de ser un buen “escucha”,  esté colocada al puro principio de esta porción de las escrituras, sugiere que su costumbre de escuchar es aun más importante que su elevada posición política, o que el estatus de su yerno, que se expresan más adelante.  Debemos entender que oír y escuchar atentamente es una clave para el éxito en este mundo.  Itró oyó sobre los milagrosos eventos de la liberación de Egipto y, basado en lo que escuchó, decide llegarse a Moisés y, de hecho, según el Talmud (Sanedrín 94ª), fue Itró, y no Moisés, ni Aarón, ni Miriam, ni ninguna de las demás 600,000 almas israelitas, la primera en bendecir a D”s por la liberación de Egipto.

Vaiomer Itró baruj Adonai asher hitsil etjem miyad Mitsrayim umiyad Par'ó asher hitsil et-ha'am mitajat yad Mitsrayim.

“Y dijo Itró:  ‘¡Bendito sea el Eterno, que os ha librado de mano de los egipcios, y de mano de Paró, libertando al pueblo de la opresión de los egipcios!’”  (Ex. 18:10)

La historia continúa con la entrega de las Dos Tablas de la Ley:  nuestra tradición habla sobre dos tablas, una (los primeros 5 mandamientos) que trata sobre las obligaciones de los hombres para con D”s (Bein Adam L’makom), y la otra sobre las obligaciones de los hombres para con sus semejantes (bein Adam L’javerot).

Es importante destacar que la primera tabla es explicada profusa y detalladamente, y que cada una de las cinco obligaciones se expone junto con sus causas, razón y justificación (estos cinco mandamientos son, según nuestra tradición:  Reconocimiento de la Soberanía de D”s, la Unidad y Espiritualidad de D”s , la prohibición de la Idolatría, el Perjurio y el Juramento en Vano; el Sábado y el Honrar a los Padres).

Pero cuando llegamos a la segunda tabla, no se nos da ninguna explicación.  Los cinco mandamientos que ordenan Bein Adam L’Javeroth (obligaciones de los seres humanos para con sus semejantes) no parecieran requerir ninguna explicación (No matarás, No cometerás adulterio, No robarás, No hablarás falso testimonio contra tu prójimo, No codiciarás … cosa alguna que sea de tu prójimo).  Estas órdenes se sostienen por sí mismas; no necesitan ninguna explicación.  Estas obligaciones tienen su raíz en el principio “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, por lo que el autor considera que no necesitamos que se nos expliquen, puesto que lo natural para nosotros es evitar el maltrato de nuestros semejantes, para no ser también nosotros maltratados.

Ahora bien, ¿es eso cierto?  ¿De verdad no necesitamos que se nos recuerden nuestras obligaciones para con nuestros semejantes?

Esta semana conmemoramos el 60 aniversario de la liberación del campo de muerte Auschwitz-Birkenau, emblema mismo del genocidio.  Deberíamos haber aprendido nuestra lección, hace más de medio siglo, ¿cierto?  Deberíamos haber aprendido que el odio, el fanatismo y la intolerancia debieran ser descartados de nuestro mundo, y que nadie, en ninguna parte y nunca debiera ser maltratado (mucho menos asesinado) por ser él o ella diferente.  Deberíamos haberlo aprendido, ¿cierto?

La respuesta pareciera ser un deprimente “No, no lo hemos aprendido”.  Tenemos a Ruanda, Bosnia, los curdos, para probarlo.  Tenemos la cantidad cada vez más alta de niños muriendo de hambre en las calles, poniendo su cuerpo en el mercado de la carne de la prostitución infantil, para probarlo.  Tenemos las vidas de tantas y tantas mujeres, sufriendo de abuso sexual y violencia doméstica, para probarlo.  Tenemos los actos de violencia antisemitas, anti-judíos, anti-árabes, anti-hispánicos, anti-homosexuales que suceden día tras violentamente espantoso día en nuestro mundo, para probarlo.

Pero no debemos “anestesiarnos” con la falsa idea de que la violencia es algo que sucede “allá afuera”.  Yo creo que debemos examinar cuidadosamente nuestras propias actitudes hacia los demás, hacia aquellos que no son como nosotros.  Qué sentimos y qué pensamos sobre las personas cuya piel es de distinto color que la mía, de distinta religión que la mía, de distinta sexualidad que la mía, cuya cédula fue expedida en un país distinto al mío.  Cuál es mi actitud cuando alguien ridiculiza a los nicaragüenses, a los homosexuales, a los árabes, a los negros.  ¿Me río de chistes racistas o sexistas?  ¿Necesito que se me recuerden mis obligaciones bein Adam l’javerot  (de los hombres para con sus semejantes)?  ¿Me escucho a mí mismo?

Itró escuchó.  Escuchó atentamente.  Y lo que escuchó lo llevó a bendecir a D”s.  Considero su historia como un prólogo adecuado a la historia del Decálogo; recordarnos la importancia de escuchar, antes de comenzar a formar nuestra opinión sobre temas de moralidad.  Escuchar a nuestras familias, escucharnos a nosotros mismos.

Quiera D”s concedernos la sabiduría para escuchar atentamente, y para actuar en consecuencia.

 

 

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Última actualización:   
21 de febrero, 2005