Congregación B'nei Israel -  San José, Costa Rica


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Parashá de la Semana:   Sábado 12 de febrero, 2005

               B”H

TRUMÁ 5765

 Éxodo 25:1 - 27:19

 

MENSAJE DE TORÁ  -  Rabino Rami Pavolotzky

            En nuestra parashá D”s le ordena a Moshe construir el Mishkan (Tabernáculo) y los utensilios que en él habría de colocar. Entre ellos se describe el Arca, que era donde estaría depositado el Testimonio (Shemot 25:16). Una lámina de oro, llamada Kaporert debía cubrir el Arca. Esta lámina debía contener las figuras de dos querubines.

            Los sabios del Talmud (Suka 5b) interpretaron que los querubines tenían el rostro de niños. De esta imagen tan bella, resulta que los niños son los encargados de cuidar la Torá, la tradición judía, quizás porque ellos son quienes más posibilidades tienen de estudiarla.

            La semana entrante comenzarán las clases en la Escuela de Educación Judía Jennifer Sossin, donde nuestros niños reciben educación judía. Nuestra obligación como padres y miembros de B´nei Israel en general, es trabajar para que ellos reciban la mejor educación que podamos brindarles. Crear las condiciones para que puedan estudiar la Torá, amarla, protegerla y transmitirla. De esta manera, ellos también serán como aquellos querubines que cuidaban el Arca en el desierto, símbolos de la educación y la continuidad.

Shabat Shalom

 

SERMÓN  -  Rabina Daniela Szuster

            En la parashá de esta semana se nos cuenta acerca de la construcción del Mishkan.  El Mishkan era el santuario móvil que el pueblo trasladaba en el desierto.  Pero el Mishkan no fue una creación divina sino una construcción humana.  Se necesitó de mucho esfuerzo físico y material para que éste sea construido.

            Moshé pidió al pueblo que diera ofrendas y gracias a ellas el Mishkan se pudo levantar.  Pero Moshé no le pidió a todo el pueblo sino a aquellos que deseaban hacerlo desde su corazón.

            Dice la Torá:  "De todo hombre, a quien voluntariosamente mueva su corazón, habréis de tomar ofrenda para mí" (Shemot 25:2).

            La pregunta que nos podemos formular es porqué se dirige sólo al que  voluntariamente desea donar y no a todo el pueblo en general.

            Hay un cuento que puede ayudarnos a entender este pasaje de la Torá.

Cuenta una historia acerca de un pequeño país cuyos habitantes se ocupaban principalmente de la fabricación de vino.  Exportaban vinos a otros países y con lo que ganaban podían vivir muy bien.

Un día, al presidente de este país, se le ocurrió abolir los impuestos  para que sus habitantes se sientan más contentos.  Para poder solventar los gastos del estado, el presidente pidió a cada uno de los ciudadanos que una vez al año, cuando se envasaran los vinos, trajeran un litro del mejor vino de su cosecha y lo vaciaran en un gran tonel.  La idea era que con la venta de esos litros de vino, se obtendría el  dinero necesario para cubrir los gastos de salud, educación, etc.

Llegó el día de la contribución y todas las familias salieron con sus jarras y las vaciaron en el tonel nacional.  A media tarde, cuando el último de los ciudadanos vació su jarra, se supo que nadie había faltado.  El presidente, muy orgulloso quiso brindar por aquél evento.  El líder levantó la copa para brindar y notó que el contenido del vaso era transparente.  Lentamente lo acercó a su nariz, y confirmó que no tenía olor alguno.

Mandó a llamar a todos sus consejeros para que busquen una explicación a este misterio.

El más anciano de sus ministros se acercó y le dijo al oído:  ¿Milagro?  ¿Alquimia?  Nada de eso.  Vuestros ciudadanos son humanos, eso es todo.

No entiendo, dijo el presidente.

Tomemos por caso a José.  José tiene un enorme viñedo que abarca desde el monte hasta el río.  Las uvas que cosecha son de las mejores cepas del país y su vino es el primero en venderse y al mejor precio.

Esta mañana, cuando se preparaba con su familia para bajar al pueblo, una idea le pasó por la cabeza:  si yo pusiera agua en lugar de vino, ¿quién podría notar la diferencia?

Una sola jarra de agua en quince mil litros de vino... ¡nadie notaría la diferencia, nadie!

Y nadie lo hubiera notado, salvo por un detalle, ¡todos pensaron lo mismo!

En esta historia, claramente, nadie puso su corazón por su país, todos, absolutamente todos prefirieron engañar a su propia nación y a su gente.

Se comportaron miserablemente, sin responsabilizarse de su función como ciudadanos.

Quizás es esto lo que la Torá nos quiere enseñar.  No seamos mediocres, ayudemos a la construcción de los "Mishkanim" actuales con lo mejor que tenemos.  Con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

Sin duda, B’nei Israel se construyó con el buen corazón y esfuerzo de mucha gente.  B’nei Israel sigue creciendo y fortaleciéndose, y para ello necesita el buen corazón permanente de sus miembros.

Entreguemos lo mejor de nosotros.  Entreguemos nuestros mejores vinos y no nos engañemos ni engañemos a los demás aparentando traer vino, cuando en realidad sólo traemos agua.

El Mishkan se construyó con el buen corazón de mucha gente.  En aquél país, por falta de buen corazón, perdieron el bienestar.

No sigamos sus pasos, continuemos los pasos de nuestro pueblo, cuando construía el Mishkan  con mucho esfuerzo, amor y cariño.

 

 

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Última actualización:   
21 de febrero, 2005