Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
NÓAJ
5765Génesis 6:9 - 11:32
MENSAJE DE TORÁ - Rabina Daniela Szuster
En este Shabat leeremos Parashat Nóaj. Dicha porción semanal de la Torá nos relata dos famosas historias: la de la construcción del Arca de Nóaj y el diluvio, y la construcción de la Torre de Babel, la cual los hombres deseaban que llegue hasta el cielo. En relación a la segunda historia cuenta un Midrash: "Había escaleras al oriente de la torre y al occidente. Los hombres que subían con ladrillos, lo hacían por el oriente de la misma y bajaban por el occidente; si caía un hombre y moría, no le prestaban atención, mientras que si caía un ladrillo se sentaban todos a llorar y decían: '¡Ay de nosotros!, ¿Cuándo recuperaremos este ladrillo que hemos perdido?'" (Pirkei de Rabi Elihezer, cap. 24). ¡Cuántas veces nosotros mismos le damos más importancia a las cosas materiales que a la vida humana! Parashat Nóaj nos enseña que la tecnología y los objetos materiales no deberían ser la misión última sino medios para llegar a nuestra misión suprema, que es el Tikún Olam, reparación del mundo.
SERMÓN - Rabino Rami Pavolotzky
Esta semana leemos la fantástica historia de Nóaj, Noé. Como ustedes bien saben, apenas diez generaciones después de la creación del primer hombre, la Torá nos cuenta que la tierra se había llenado de corrupción y violencia. D”s se harta de la humanidad y a punto está de destruirla, cuando descubre en Nóaj una persona justa en su generación, una persona por la cual valía la pena salvar al mundo y no comenzar todo de nuevo.
D”s decide traer un diluvio sobre la faz de la tierra, pero ordena a Nóaj construir un arca para que él, su familia y varios ejemplares de cada una de las especies animales sobrevivan.
Si uno analiza el texto bíblico detenidamente, nota que Nóaj tenía dudas y temores con respecto a la misión que le tocaba cumplir. De hecho, él y su familia sólo entran al arca cuando D”s les ordena hacerlo (Génesis 7:1). Si no hubiera sido por esa orden, posiblemente él tampoco se hubiera salvado. Es más, luego de entrar al arca, la Torá nos cuenta que D”s mismo fue quien se encargó de cerrar por completo el arca (Génesis 7:16).
Podemos entender a Nóaj: tenía miedo, no sabía qué era lo que iba a pasar. Después de todo, era tan humano como nosotros, y creo que ninguno de nosotros se mostraría muy entusiasmado con la idea de vivir un par de meses dentro de un arca, rodeado de animales, y con una incertidumbre completa acerca de lo que vendrá. Podemos decir que el temor que sintió Nóaj es muy comprensible.
Sin embargo, lo más interesante de la historia, en lo que respecta a dudas y temores, ocurre justamente cuando el diluvio termina. La Torá relata que Nóaj envió un cuervo, y luego una paloma, para verificar que ya había tierra seca. La paloma no regresó, la prueba era irrefutable: Nóaj podía bajar del arca. Sin embargo, el texto dice “Entonces le dijo D”s a Nóaj: sal del arca, tú y tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo” (Génesis 8:15-16). De aquí aprendemos que Nóaj sólo salió del arca cuando D”s se lo ordenó. ¡Increíble! Nóaj vive durante un año encerrado en un arca, rodeado de agua, sin poder pisar tierra firme, y cuando el diluvio termina... ¡yo hubiera esperado que Nóaj diera un brinco y gritando de alegría volviera a pisar tierra seca!
Pero no, Nóaj duda y teme de nuevo, se queda, está cómodo en el arca. Lo que era terrible al principio ya no lo es, lo anormal se volvió normal.
A veces a nosotros nos pasa lo mismo: determinadas circunstancias de la vida, nos obligan a meternos dentro de un arca. Un gran fracaso personal, la muerte de un ser querido, una separación, un gran cambio en la situación personal o en la del medio que nos rodea. Situaciones como éstas suelen hacernos sentir que nos tapa el agua… es natural que por un tiempo vivamos en silencio, más cerraditos, más despacio.
Pero ese lapso de tiempo debe ser limitado, no para todos igual, pero limitado al fin. En cierto momento debemos escuchar esa voz interior que nos dice ¡Ya es hora! ¡Hay que salir! ¡Otra vez a caminar en tierra firme!
La historia del diluvio, nos enseña entre otras cosas que en la vida hay momentos para todo, que a veces no tenemos más opción que esperar y ver cicatrizar las heridas, pero que hay un límite también para eso. Que en determinado momento debemos ser fuertes y vencer el miedo y las dudas para lanzarnos nuevamente a la tierra de la vida. ¡Podemos hacerlo!
Shabat Shalom
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