Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
VAIERÁ 5765
Génesis 18:1 - 22:24
MENSAJE DE TORÁ - Rabina Daniela Szuster
En la parashá de esta semana leemos, entre otros temas, sobre la milagrosa salvación de Lot y su familia de la destrucción de Sodoma, por el mérito de nuestro patriarca Abraham. Uno de los mensajeros de D"s le dice a Lot: "¡Escapa, por tu vida! No mires tras de ti, ni te detengas en lugar alguno de la planicie" (Génesis 19: 17). Y como ustedes recordarán, la esposa de Lot, con conocimiento o no de la advertencia del enviado de D"s (el texto no nos informa), siente un enorme impulso de mirar hacia atrás, y cuenta el relato que se convirtió en una estatua de sal. De alguna manera, esta noble mujer es el reflejo de nuestra actitud en momentos de cambio y acercamiento a un nuevo desafío. Es natural y esperable que nos resistamos un poco a los cambios, pero de ninguna manera deberíamos llegar al punto de paralizarnos, dar vuelta la cara al futuro y convertirnos en un monumento de sal que no puede producir vida ni mirar hacia adelante. No es nada fácil, mas lo ideal es mirar hacia el horizonte, con un poco de miedo y preocupación, pero con esperanza de poder ser flexibles para adaptarse a lo nuevo y no endurecerse como estatuas de sal. A la mujer de Lot le costó mucho superar este desafío; quizás nosotros podamos conseguirlo.
Shabat Shalom
SERMÓN - Rabino Rami Pavolotzky
En la Parashá de esta semana, Vaierá, se nos relata la conocida historia de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Los únicos sobrevivientes son Lot, el sobrino de Abraham, su mujer y sus hijas. La mujer de Lot culmina sus días cuando, al escapar, mira hacia atrás desobedeciendo la orden divina, y queda convertida en una estatua de sal. Por lo tanto, sólo quedan Lot y sus dos hijas, quienes se esconden en una cueva, si bien no queda del todo claro porqué.
La hija mayor de Lot cree que es su misión tener hijos. Una lectura objetiva del texto pareciera indicar que su preocupación era permitir la continuidad de la descendencia de la casa de su padre Lot, dispuesta a que el recuerdo de su familia no desaparezca. Sin embargo, la gran mayoría de los comentaristas entiende que ella creía que eran los únicos sobrevivientes sobre la faz de la tierra, y que de ellos dependía el futuro de la humanidad.
La mayor de las hijas de Lot dice a la menor: "… nuestro padre es anciano y en la tierra no hay hombre para que cohabite con nosotras, como es normal en toda la tierra" (Génesis 19:31). Como dije, muchos comentaristas creen que la intención de este versículo es que las hijas de Lot realmente creían que en toda la tierra ya no quedaban hombres, más allá de su padre. Sin embargo, el comentarista Radak explica que ellas pensaban que no encontrarían un hombre dispuesto a tomarlas, ya que todos habrían de despreciar a las sobrevivientes de las ciudades destruidas debido a su maldad y depravación.
Si bien desconocemos estos detalles de la historia, el final sí es sabido: las hijas de Lot emborrachan a su padre y se acuestan con él, cada una de ellas durante una noche. Quedan embarazadas y tienen dos hijos, Moav y Ben-Ami, los padres de los moavitas y los amonitas.
No es mi intención discutir ahora sobre la legitimidad del acto que cometieron las hijas de Lot: algunos dirán que es justificable ya que pensaban que estaban perpetuando el nombre de su padre, o que incluso intentaban salvar el futuro de la humanidad. Otros lo condenarán duramente, por incurrir en adulterio. El tema sobre el que me interesa extenderme hoy es la sensación de las hijas de Lot de sentirse las únicas que podían cumplir con su misión. ¿Por qué no intentaron averiguar si había otros hombres fuera de su cueva? ¿Acaso estaban seguras de que los hombres que vivían más lejos no las tomarían por esposas? ¿Por qué no buscaron ni averiguaron un poco más?
A mi entender, uno de los errores más grandes de las hijas de Lot fue su propia soberbia, que las cegó y les hizo creer que solamente ellas podían salvar a la humanidad. Ni siquiera miraron a su alrededor, para comprobar que no estaban solas.
Pocas cosas en la vida pueden ser hechas solamente por una persona. Sin embargo, a veces la propia soberbia nos engaña y creemos que somos los únicos que podemos hacer algo, y no damos lugar a que otros puedan crecer y desarrollarse. Otras veces nos ocurre lo contrario, y nos parece que sólo determinada persona es capaz de hacer algo, y delegamos toda la responsabilidad en ella, por cobardía, o por pereza.
Esto nos suele pasar en nuestras familias, en nuestros ámbitos laborales, con nuestro grupo de amigos y hasta en nuestra congregación.
Como congregación, cada uno de nosotros debe desprenderse por un lado del orgullo y soberbia de creer que es el único que puede hacer determinada acción, y por el otro debe despojarse de la pereza y cobardía que lo hace creer que sólo determinada persona puede hacer algo. Contadísimas acciones sólo pueden ser hechas por una persona específica.
Como congregación, es nuestro deber abrir espacios, invitar a otros a participar, acercarnos nosotros mismos para participar. La mayoría de nosotros está capacitada para cumplir distintas funciones, sólo es cuestión de tener un poco de paciencia y ganas de aprender.
Si creemos que estamos solos en el mundo, finalmente nos quedaremos solos; si creemos que otros están solos en el mundo, finalmente los abandonaremos.
Como congregación, no estamos solos, estamos juntos.
Shabat Shalom.
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