Congregación B'nei Israel - San José, Costa Rica |
¿Puede un judío ser cremado/a y tener después un funeral judío?
Aunque la costumbre judía es relativamente clara al respecto, y todas nuestras autoridades legales se inclinan por la misma opinión, nuestra tradición está lejos de ser categórica sobre el tema de la cremación y existe una gran variedad de opiniones.
- Rabino Michael Holzman
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Respuesta:
La Biblia nos ordena “volver a la tierra de donde fuiste tomado; porque polvo eres y al polvo volverás” (Génesis 3:19), y en el caso de la persona muerta por pena capital “la enterrarás sin falta en ese mismo día” (Deuteronomio 21:23). Pero la Biblia también contiene numerosos ejemplos de personas muertas por el fuego como castigo, y un ejemplo del cuerpo del Rey Saúl quemado tras haber sido muerto por los filisteos. David Qimhi, comentarista medieval y especialista en gramática, señala que en la historia de Saúl, su cuerpo probablemente estaba medio descompuesto por haberlo exhibido los filisteos en las murallas de la ciudad, y por lo tanto, los israelitas probablemente solo quemaron la carne podrida y después enterraron los huesos. A partir de estas fuentes, vemos que la Biblia se inclina por el entierro, o kvurá, como el tratamiento apropiado para los difuntos, pero admite algún grado de desviación hacia la cremación.
Los escritos pos-bíblicos se apegan al mismo enfoque: una inclinación muy fuerte hacia el kvurá, pero con retazos de evidencia de que la cremación podría ser permitida. En Talmud Sanedrín 46b, los rabinos Simón ben Yohai y Aha bar Jacob discuten fuertemente que el kvurá es la única forma judía de tratar a los muertos. El Rabino Aha bar Jacob hasta se enoja con un colega que no enseña de inmediato la misma propuesta. Un poco más adelante, en esa misma página, los rabinos argumentan que aun cuando el difunto haya dejado instrucciones para no ser enterrado, esas instrucciones no deben ser tomadas en cuenta y se debe proceder a favor del kvurá. A pesar del gran apoyo al kvurá, los rabinos sí dan instrucciones de que un cuerpo no debe ser sacado de una casa en llamas en Shabat (Shabat 43b). Por lo tanto, el ejemplo de Shabat indica que b’hatjila, desde el principio, siempre debemos hacer planes para el kvurá, pero b’deiavad, después del hecho, si un cuerpo es quemado, nadie será castigado.
Todos los que siguen la ley judía sostienen que el kvurá es la única forma apropiada para tratar a los difuntos. Mientras que algunas autoridades llaman a eso mitzvá, mandamiento, el consenso pareciera ser que constituye una minjag, costumbre. Pero debemos recordar que, a lo largo de nuestra historia, la línea entre costumbre y ley ha sido siempre muy fina. Las costumbres se convierten en leyes con mucha facilidad.
La explicación que se da para esta posición inflexible es que aunque somos dueños de nuestra alma, el cuerpo pertenece a Dios; solamente lo tomamos prestado. Por lo tanto, la cremación deshonra a Dios. Posteriormente, fuentes jasídicas se explayaron sobre la idea de que el alma necesita tiempo para separarse del cuerpo. En consecuencia, permitimos que el cuerpo se descomponga naturalmente en un ataúd de madera, en lugar de separar abruptamente la conexión del alma y el cuerpo.
Una perspectiva más moderna se deriva del Holocausto. Aunque las circunstancias son en extremo diferentes, muchos judíos consideran la decisión de una persona de ser cremada como un irrespeto a los millones de judíos que no tuvieron ninguna opción y cuyos cuerpos fueron cremados por los nazis. (Por la misma razón, a muchos judíos les disgustan los tatuajes, o hasta el hecho de escribirse cualquier cosa en el cuerpo, porque les recuerda a los tatuajes en los campos de concentración.)
Otro argumento moderno a favor del kvurá es el efecto que la cremación tiene en los dolientes, los avelim. Aunque muchas personas piden ser cremadas y que sus cenizas sean desperdigadas al viento, esto priva a los avelim de un lugar físico para el duelo. El hecho de tener un lugar para el duelo, como un cementerio, ayuda a contextualizar la muerte y a proporcionarle alivio a la familia doliente. Por esta razón, muchos rabinos recomiendan que aunque el muerto haya pedido ser cremado, sus cenizas sean enterradas en un cementerio.
Una razón tradicional que podría apoyar la decisión de la cremación es el tema económico. La ley judía apoya absolutamente la idea de que las circunstancias económicas de la familia deben tenerse en cuenta a la hora de tomar las decisiones del entierro. Esto se deriva de la decisión del Rabino Gamliel de ser enterrado en un féretro desnudo, sin adornos (Talmud Moed Katán 27ª-b). Debido al alto costo de los ataúdes, las funerarias, y otros gastos, una cremación podría ser necesaria por razones económicas. Muchas comunidades organizan un fondo de entierros gratis para evitar esta situación, con el fin de que las familias con pocos recursos puedan enterrar a sus seres queridos.
Los judíos ambientalistas modernos sostienen que la cremación debe ser estimulada como una forma de limitar el uso de la tierra, la deforestación y la pérdida del hábitat por la construcción de cementerios. Esta es una posición ética importante que debe tomarse en cuenta también.
Aunque la pregunta pareciera muy simple, presenta problemas difíciles y desafiantes. Cuando muere un miembro de la familia, siempre debemos enfrentarnos a exigencias y prioridades que compiten entre sí. Una prioridad es el honor que le debemos al muerto, Kavod HaMet, mientras que otra es la obligación de consolar a los Avelim, a los dolientes. El tema de la cremación es relativamente claro en la ley judía, pero se complica cuando los deseos del difunto y los de la familia se contraponen; usualmente, cuando el difunto pide ser cremado y los deudos se oponen a ello. La ley judía es clara en que antes del funeral, debemos dedicar todas nuestras energías en el tratamiento del difunto. Pero después del entierro, la ley judía también se toma muy en serio la obligación de consolar a los dolientes. Por esta razón, si la cremación puede obstruir el proceso de duelo, la familia puede considerar la posibilidad de rechazar los deseos del muerto. Esta es una decisión realmente sensible, que debiera ser considerada individualmente. Mi recomendación es que las familias discutan sus deseos de ser cremados o enterrados con anterioridad. Aunque puede parecer morboso, este tipo de discusión abierta y honesta puede ayudar a honrar tanto al difunto como a su familia.
Y ahora al asunto de los servicios funerales. Debido a que la ley judía ni siquiera discute la posibilidad de la cremación, tampoco se refiere al tema de los funerales para una persona que ha sido cremada. Algunas comunidades ortodoxas pueden elegir negarse a celebrar servicios funerales para una persona cremada, pero esto constituye una coacción social, no una ley judía.
Desde 1893, el judaísmo reformista ha apoyado, y hasta estimulado a sus rabinos a oficiar en servicios funerarios en casos de cremación, por la forma en que los funerales honran y apoyan a la familia doliente. Personalmente me inclino por esta posición.
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