Un judío siempre será un judío. Al menos el mundo exterior
lo considera así. Pero dentro del judaísmo existe un gran espectro de elecciones
individuales que se pueden hacer, sin perder sino más bien enriqueciendo nuestras vidas judías.
Respeto a aquellos que practican lo que predican.
Rechazo a aquellos que, ya sea por ignorancia o por arrogancia, desprecian a otros
porque no siguen el angosto sendero labrado por las costumbres y los dogmas rígidos.
Creo que el judaísmo tiene cabida para la razón y la pluralidad
de opiniones y de interpretaciones. El Midrash y el Talmud tratan precisamente
de esto. Dentro de las filosofías y rituales ortodoxos, conservadores,
reformistas y reconstruccionistas, un judío puede encontrar el camino que más se
apegue a sus creencias. Nosotros los judíos tenemos el derecho, incluso la
obligación, de abrir nuestras almas espirituales a la posibilidad de ilustrar
nuestros puntos de vista religiosos. No debemos vivir como hipócritas. Debemos
saber quiénes somos y por qué somos. No debemos permitir que nos unamos (o
aparentemos unirnos) a determinadas costumbres solo porque "eso fue lo que hizo
mi padre y su padre antes que él."
El judaísmo es Torá. El judaísmo es Mitzvá. El judaísmo es tratar a los
demás como queremos ser tratados. El judaísmo es la creencia en un solo D-os.
Tenemos una riquísima tradición que puede ser rastreada más allá de los 5,000
años. Se nos ha temido y se ha desconfiado de nosotros, hemos sido esclavizados
y explotados, desplazados y asesinados, todo en nombre de Dios y de la patria.
Nadie que no sea judío podrá entender nunca lo que siente un judío en términos
de inseguridad debido a nuestros sufrimientos; en las peores y en las mejores
épocas.
Entonces, ¿existe acaso alguna excusa para que un judío maltrate a otro
judío? ¿Realmente cree que el judaísmo de una persona se puede medir según
observe el Kashrut, o dependiendo de si observa Rosh Hashaná durante un día en
lugar de dos, o porque permite a las mujeres ascender a la Bima y disfrutar de
los mismos derechos y obligaciones que cualquier hombre? Los conversos al
judaísmo, que con sus mentes y sus corazones han estudiado y escogido con toda
consciencia aceptar los valores y las prácticas judías, ¿deben ser considerados
como judíos de segunda clase? ¿Se les debe prohibir la entrada a nuestros
recintos sagrados?
Somos muy pocos. No somos más que un diminuto grano de arena entre
billones y billones de granos de arena. Cuantitativamente, no somos más que un
punto decimal en la población del mundo. ¡Pero qué punto! Hay ecuaciones que no
se pueden resolver sólo mediante las matemáticas. Y el factor judío constituye
una estadística vital en la infraestructura económica, científica y profesional
de cualquier país o comunidad en que viva un judío. Israel es tan solo un
ejemplo de una pequeña franja de tierra improductiva que se ha convertido,
gracias a un pequeño pero dedicado grupo de creyentes, en una tierra de
maravillas.
No nos sobran judíos! Este ha sido el criterio fundamental en el que se
ha basado B'nei Israel desde su fundación y al que se ha apegado durante estos
últimos 13 años. Nos autodenominamos reformistas, pero en realidad somos muy
tradicionales en la forma en que observamos nuestra religión. ¿Qué es un nombre?
Nos hemos convertido en lo que nuestra comunidad ha querido.
Somos una comunidad abierta. Le damos la bienvenida a los que nos visitan
de otras tierras. La gente que viene a nuestros servicios se siente bien a la
salida. Nuestros Onegs de todos los viernes destacan por su calor y su
camaradería.
Por qué creamos B'nei Israel? Porque teníamos que hacerlo, si queríamos
vivir como judíos.
Gocemos pues de la libertad de ser lo que somos: judíos, en un país que
impulsa la libertad y la tolerancia. ¡Halevai!
- Marvin Sossin
"Revista Congregación B'nei Israel, setiembre 1995"
Traducido al español por Inés Baum
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